Afectividad y Espiritualidad

Taller en Ilo sobre Desarrollo humano e integral

Afectividad y Espiritualidad

Podemos hacer una pregunta al texto sobre espiritualidad y afectividad ¿Qué implica el proceso de amar?

En la Biblia se nos señala en la Primera Carta de San Juan: «Primero Dios nos amó» (1Jn 4, 19). En el lenguaje psicológico, en primer lugar, recibimos el amor de las personas que nos cuidaron y desde esta experiencia aprendemos poco a poco a dar, a responder a otros.

Hoy 16 de Mayo del 2018 tendremos en Ilo nuestra reunión de formación como parte del Programa de Formación conjunta Colaboración en el Corazón de la Misión.  Nos reuniremos para compartir nuestras lecturas y reflexiones sobre la importancia de conocer y reconocer la relación que existe entre afectividad y espiritualidad.  Ojalá que las lecturas nos ayuden a entender nuestra manera de procesar la afectividad y conocer lo que no nos permite crecer afectivamente y lo que sí nos ayuda a crecer en este aspecto..   Trabajaremos a partir del texto del P.  Kevin Flaherty S.J. «APRENDIENDO A VIVIR.   MADUREZ HUMANA Y ÉTICA»…

Y en un párrafo muy rico el P. Kevin nos dice: “… quiero señalar que muchas veces hacemos una escisión, una separación entre la fe y las relaciones humanas.  Es una escisión o separación falsa.  Jesús no dijo: “Ámame y olvídate de los demás, ámame y que tus amigos también lo hagan, o, por favor, gente muy similar a ti”.  No, él señaló algo mucho más difícil: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”  ¿Y quién es mi prójimo?  El que cayó a tu costado; la persona a tu lado, un conjunto de personas.  Nos dice: “¡Ama!”  Nosotros diremos: “Pero, Señor, qué difícil es.”  Nos recuerda: “¡Sígueme!”.

La madurez es la capacidad de darse a otros en una forma mutua, consiente y responsable. Es el proyecto cristiano de poder decir quiero amar como Él nos ama. Nunca podremos alcanzarlo plenamente, pero será posible caminar juntos, crear familias y comunidades, y no dejar de participar en el proyecto de construir un mundo mejor.

Es, entonces, que debemos tener presente que no hay manera de amar sin sufrir.  Nacer como una persona en relación es morir al egoísmo; es dejar el Paraíso o los mitos atrás o una parte de nosotros atrás para llegar a ser más.  Sin el dolor no hay crecimiento. El amor nunca llega sin el sacrificio, sin la entrega. Este es el proceso de amar, y como nosotros, a mi parecer, podremos pensar como Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis, que respondió, cuando alguien le preguntó: “Después de una terapia ¿qué puede esperar una persona?” Contestó: «Amar y trabajar».  Esto es muy similar a lo que nosotros afirmamos como cristianos o los que vivimos la espiritualidad ignaciana: «Amar y servir».  Amar y dar nuestra vida.  Esto es lo que pedimos y esperamos continuamente, y creo que hasta lo que hacemos en nuestra relación con los demás.»

 

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