COLABORACIÓN EN EL CORAZÓN DE LA MISIÓN - ILO

Taller en Ilo: Afectividad y Espiritualidad

Relaciones humanas y la confianza básica

” La Misión es siempre Misión de Dios ”Afectividad y Espiritualidad”.  «Primero Dios nos amó» (1Jn 4, 19)

Desde la perspectiva espiritual buscamos lo que la Biblia llama shalom, shalom, la paz que ofrecemos en la misa. Esta es la armonía o la paz con uno mismo, con los demás y con Dios. La paz que deseamos tan profundamente es la sanación de las heridas y egoísmos que nos separan unos de otros como individuos, familias y pueblos.

Dentro del programa «Colaboración Continua – «Colaboración de la Misión» el 16 de mayo del 2018 en el puerto Ilo nos hemos reunido para continuar con nuestros talleres sobre Desarrollo Humano Integral. El tema que hemos compartido ha sido “Afectividad y Espiritualidad”. a partir de un articulo del P. Kevin Flaherty SJ . Han participado nuestros colaboradores del Centro Cristo Rey, Fe y Alegría Ilo y el Ceop Ilo.

Los primeros amores recibidos.  Al parecer nuestro primer nacimiento como seres humanos transcurre en el seno de nuestras madres; alli hemos sentido el primer signo de afecto y  cariño así como hemos participado de las propias dificultades.  «Un bebé nace como ser humano.  Es el modo simbólico de cómo cada persona inconscientemente revive la experiencia de Adán y Eva que fueron exilados del paraíso. Antes de nacer podemos imaginarnos flotando en una piscina muy cómoda con la comida dada en cada momento; no hay necesidades, sólo hay calor y hasta el sentimiento de bienestar. Al poco tiempo, empezarán algunos dolores y, poco a poco, estamos empujado a un punto luminoso.  Nos diremos: «¡Ay, no puedo abrir los ojos! Tengo frío y me bañan. Hasta me dan golpes para respirar”. Y por fin nos encontramos abrazados con cariño e intentando tomar alimentos.

EL CARIÑO – LA PROTECCIÓN – LA AFIRMACIÓN  GENERAN LA CONFIANZA BÁSICA

El segundo nacimiento acontece en relación con otros. Recibimos cariño, protección y afirmación que se convierten en la confianza básica para comenzar el largo proceso de descubrir quiénes somos y de salir de nosotros mismos para entrar en relación con los demás.

El camino a la madurez incluye la capacidad de aprender de nuestros errores y lograr una mayor habilidad de relacionarnos con los demás.

Nuestras vidas se desarrollan poco a poco hasta llegar al salir del hogar e ir al colegio, después al mundo para lograr ser personas amando y dando vida a los demás.  Hoy en día, aquellos, que investigan cómo es la estructura humana, señalan que hay un segundo nacimiento psicológico: nacemos como personas en los meses siguientes al parto, durante los cuales un bebé recién nacido se desarrolla en relación con las personas que lo cuidan.   Lentamente pasamos de un estado casi autista al entrar en relación con los demás.  Primero, con la mamá y después, con el papá y el entorno familiar.

Crecemos físicamente gracias a la alimentación brindada y desarrollamos una estructura psíquica gracias a las relaciones humanas que otros nos ofrecen.

Nos llamó la atención al poder comprobar que este segundo nacimiento es infinito.  Este segundo nacer nunca se acaba.  Todavía estamos naciendo, abriéndonos, descubriendo cómo es la vida. No obstante, si pensamos en un niño y regresamos a su infancia, veremos que, en los primeros meses, no tendrá vocabulario, ni cómo decir me aman o me quieren. Este bienestar está internalizado y es recibido a través de las caricias, el afecto y la protección de los brazos de la mamá .Crecemos físicamente gracias a la alimentación brindada y desarrollamos una estructura psíquica gracias a las relaciones humanas que otros nos ofrecen.

Como la Biblia nos señala en la Primera Carta de San Juan: «Primero Dios nos amó» (1Jn 4, 19).  En el lenguaje psicológico, en primer lugar, recibimos el amor de las personas que nos cuidaron y desde esta experiencia aprendemos poco a poco a dar, a responder a otros.

Madurez afectiva es una forma de describir la salud mental de una persona adulta. Pocas veces la psicología habla de madurez afectiva. Si buscamos en el índice de los libros de psicología clínica no la encontraremos. Simplemente habrá características de lo qué es la salud mental. Una persona muy inmadura o crónicamente inmadura está mostrando las dificultades, trastornos y los sufrimientos de la vida.

Sin embargo, a la vez que somos seres en relación, somos seres separados. Al mismo tiempo que buscamos la posibilidad de estar en vinculación, encontramos, desde muy pequeños, momentos en los que estamos separados. Desde los primeros meses hay experiencias de malestar, de llorar solo, y no conseguir lo deseado. Por eso, surge el enfado o se llega hasta la furia o la rabieta del niño. Como adultos logramos un mayor manejo de nuestras emociones y sentimientos, pero todos podemos reconocer momentos que nuestras reacciones reflejan las raíces afectivas escondidas en los primeros años de la vida.

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