DISCERNIMIENTO

Seminario Ir detrás del Espíritu

El Discernimiento Ignaciano

Discernimiento para San Ignacio de Loyola significa estar consciente de que Dios nos ayudará a tomar buenas decisiones, aún siendo conscientes de vernos motivados por fuerzas contradictorias o contrarias entre sí. Unas que nos llevan hacia Dios y otras que nos empujan para alejarnos de él. Cualquiera que haya tomado una decisión importante conoce esta experiencia. Nos sentimos impulsados y orientados por una variedad de fuerzas internas: motivos egoístas contra motivos generosos, motivos libres contra los no libres, motivos sanos y saludables contra motivos enfermizos.

Así que el discernimiento es la habilidad de ver claramente cuáles son esas fuerzas; ser capaces de identificar, ponderar y juzgar. Y finalmente escoger el camino más alineado con los deseos de Dios para ti y para el mundo.

Por lo tanto, no es tan simple como seguir a ciegas ciertas reglas y regulaciones. Demás está decir que los Evangelios y las enseñanzas de la Iglesia son esenciales para la formación de nuestra conciencia pero, sobre todo, en tiempos de complejidad uno también debe confiar en los propios impulsos y acciones de Dios dentro de nuestro propio corazón.  Fuente: clic aquí

 

IGNACIO DE LOYOLA HOMBRE DE DISCERNIMIENTO  

Ignacio de Loyola es uno de esos hombres que tuvo el don del discernimiento.  Supo de un modo vigilante escuchar el paso del Espíritu Su talante de discernimiento lo ofrece a la comunidad cristiana para que esta pueda, en virtud de una sabiduría acumulada en la Iglesia y sistematizada por él, «adiestrarse» en el discernimiento.

Ignacio sabe «por experiencia» que Dios se comunica con sus criaturas Lo experimentó en sí mismo y nos dio las pistas y los criterios par entender el «lenguaje» de esta comunicación.  Discernir es distinguir el lenguaje que «procede del Padre y del Hijo» y el lenguaje tramposo que surge de nuestro «yo» personal y comunitario o que nos llega tentadoramente de este mundo «normal y natural».  En este sentido Ignacio habla de discernimiento de espíritus en plural.  Discernir es disponer nuestra persona, saber escuchar, tener ojos para ver y oídos para oír.

El Espíritu del Señor es presencia animante y vivificadora.  No es cuerpo doctrinal ni aparato ideológico, no es tan siquiera un código moral: es vida.  Para captar la Vida hay que abrir a ella todas nuestras posibilidades todos nuestros sentidos, todo nuestro corazón.  Es una presencia cálida cordial y dinamizadora.  Curiosamente frente a imágenes de Ignacio como mero organizador y «duro», su gran don fue el ser un maestro del corazón, un maestro de afectos.

«Donde hay Espíritu del Señor hay libertad» (S.Pablo). Captar este Espíritu (discernir) es un proceso apasionante, liberador y creativo.  La espiritualidad de Ignacio es una espiritualidad abierta al mundo y a toda la realidad.  No privilegia unos aspectos concretos de la vida en cristiano (oración, culto compromiso … ), sino que pretende encontrar el paso del Señor en todas la cosas y así en todo amar y servir.  Esta dimensión es importante porque hoy vivimos en la tentación, en un mundo en el que la fe está amenazada y que se vive bastante a la intemperie, de refugiamos en la parcela en la que creemos que sólo en ella se manifiesta la Presencia del Señor.

El discernimiento tiene sus reglas.  Reglas que como veremos no son automatismos sino que son indicadores que nos ayudan a rastrear esa Presencia de un modo vital.  No se trata de controlar al Espíritu, el Espíritu es libertad.  Sino de dejarse conducir por Él.  Tener el atrevimiento de experimentar la libertad en el seguimiento del Señor.

 

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