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Seminario de Discernimiento

Ignacio hombre de discernimiento

IGNACIO  DE  LOYOLA  HOMBRE DE DISCERNIMIENTO

Tema para los que asisten al Seminario: «Ir detrás del Espíritu»  en el Centro Loyola de Arequipa 

El P. Tony Catalá  S.J. nos dice que Ignacio de Loyola es uno de esos hombres que tuvo el don del discernimiento.  Supo de un modo vigilante escuchar el paso del Espíritu Su talante de discernimiento lo ofrece a la comunidad cristiana para que esta pueda, en virtud de una sabiduría acumulada en la Iglesia y sistematizada por él, «adiestrarse» en el discernimiento.

Ignacio sabe «por experiencia» que Dios se comunica con sus criaturas Lo experimentó en sí mismo y nos dio las pistas y los criterios para entender el «lenguaje» de esta comunicación. 

Discernir es distinguir el lenguaje que «procede del Padre y del Hijo» y el lenguaje tramposo que surge de nuestro «yo» personal y comunitario o que nos llega tentadoramente de este mundo «normal y natural».  En este sentido Ignacio habla de discernimiento de espíritus en plural.  Discernir es disponer nuestra persona, saber escuchar, tener ojos para ver y oídos para oír.

El Espíritu del Señor es presencia animosa y vivificadora.  No es cuerpo doctrinal ni aparato ideológico, no es tan siquiera un código moral: es vida.  Para captar la Vida hay que abrir a ella todas nuestras posibilidades todos nuestros sentidos, todo nuestro corazón.  Es una presencia cálida cordial y dinamizadora.  Curiosamente frente a imágenes de Ignacio como mero organizador y «duro», su gran don fue el ser un maestro del corazón, un maestro de afectos.

«Donde hay Espíritu del Señor hay libertad» (S.Pablo). Captar este Espíritu (discernir) es un proceso apasionante, liberador y creativo.  La espiritualidad de Ignacio es una espiritualidad abierta al mundo y a toda la realidad.  No privilegia unos aspectos concretos de la vida en cristiano (oración, culto compromiso … ), sino que pretende encontrar el paso del Señor en todas la cosas y así en todo amar y servir.  Esta dimensión es importante porque hoy vivimos en la tentación, en un mundo en el que la fe está amenazada y que se vive bastante a la intemperie, de refugiamos en la parcela en la que creemos que sólo en ella se manifiesta la Presencia del Señor.

El discernimiento tiene sus reglas.  Reglas que como veremos no son automatismos sino que son indicadores que nos ayudan a rastrear esa Presencia de un modo vital.  No se trata de controlar al Espíritu, el Espíritu es libertad.  Sino de dejarse conducir por Él.  Tener el atrevimiento de experimentar la libertad en el seguimiento del Señor.

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