Comentarios al evangelio del domingo

Semana IV del tiempo ordinario: comentarios al Evangelio

Ayudas para orar la cuarta semana del tiempo ordinario

IV Domingo del Tiempo Ordinario  (Ciclo C) Lc 4, 21-30

Para este domingo 03 de Febrero y para la semana del IV  del tiempo ordinario te presento algunos comentarios sobre el Evangelio a cargo de los padres jesuitas: Carlos Cardó sj;  Adolfo Franco sj de la Provincia del Perú y las colaboraciones de nuestros hermanos jesuitas de la provincia de Venezuela Gustavo Albarrán sj; Jesús Torres Dugarte sj del Equipo del CEP de Venezuela.

Haga clic en esta línea para ver una sugerencia y orar esta IV semana del tiempo ordinario

P.P. del CEP de Venezuela:   

Jesús es rechazado en Nazaret  

Comentario del P. Carlos Cardo SJ

Jesús ha iniciado su actividad pública en la sinagoga de Nazaret, pueblo en el que se ha criado, y lo ha hecho proclamando la buena noticia de la liberación ofrecida por Dios por medio de su persona y de su mensaje. Muchos al oírlo han quedado admirados de las palabras de gracia que salían de su boca. Pero no llegan verdaderamente a comprender quién es Jesús porque se quedan en lo que saben de él: que es el hijo de José, el carpintero del pueblo.   Por eso Jesús les interpela su falta de fe; les hace ver que no lo reconocen como el enviado de Dios ni creen el anuncio que les ha hecho del comienzo de una era nueva que les exige nuevas actitudes. 

Conocían a Jesús demasiado para aceptar una novedad tan radical y, por otra parte, se resistían a cambiar sus propias vidas y sus costumbres de siempre. Jesús los exhorta a la conversión. Les recuerda que con su incredulidad y desconfianza están repitiendo el comportamiento de sus antepasados con los profetas Elías y Eliseo, que encontraron mejor acogida entre los paganos que entre sus oyentes del pueblo elegido de Dios. Así, Jesús sufre la suerte de los profetas, que fueron rechazados por los suyos y sólo pudieron actuar entre quienes no exigían milagros para creer, ni pretendían saber cómo debía actuar Dios. 

Los de Nazaret pasan entonces de la furia a la violencia y deciden quitarlo de en medio, eliminarlo. Lo empujan fuera de la ciudad e intentan despeñarlo desde el barranco del monte donde se alzaba su pueblo. Lo ven como un blasfemo y debe morir. Pero Jesús, de forma imponente, abriéndose paso entre ellos, se alejaba. 

La oposición de los nazarenos ha sido un adelanto del rechazo que va a sufrir en su actividad pública y que culminará en su condena a muerte. Llegará el momento en que las autoridades judías lo entreguen a los romanos y acabe su vida en la cruz. Pero aquello vendrá a su debido tiempo. Ahora la libertad soberana con que vence el furor de sus enemigos prefigura su resurrección. Jesús está por encima de la maldad humana. Jesús sigue haciendo el bien, a pesar de la malignidad del mundo. 

En el plano eclesial, el texto de hoy le recuerda a la Iglesia que siempre ha habido y habrá necesariamente dentro de ella profetas movidos por el espíritu de Dios que interpelan a la sociedad y conmueven las conductas. Estos hombres y mujeres llaman también la atención de la misma Iglesia para que en sus instituciones humanas y en los hombres que la forman no tienda a acomodarse a ningún orden de cosas injusto, no se doblegue ante los poderosos, no siga otro interés que el de Jesucristo y no deje de defender los justos intereses de los necesitados si quiere seguir siendo fiel al evangelio.

La libertad del profeta la necesita la Iglesia para denunciar las injusticias y anunciar el evangelio del amor, para invitar al cambio de conducta y pensar el futuro desde la justicia y el amor. Verdaderos ejemplos de inspiración profética los podemos apreciar en las actitudes y gestos que está demostrando el Papa Francisco para promover la renovación de la Iglesia y la reforma de sus instituciones. 

Mientras Jesús está lleno del Espíritu Santo, los nazarenos están llenos de ira. También esto encuentra aplicación hoy si miramos los graves conflictos que se libran en el terreno de las religiones. La mayor dureza del corazón humano, capaz de llevar a las peores violencias, es la que proviene de las pretensiones religiosas, que se expresan en conductas intolerantes, excluyentes y condenatorias, y sustentan todo tipo de fundamentalismo o sectarismo del signo que sea. 

Para nosotros hoy, el mensaje de este evangelio mantiene plena vigencia. Todos nos podemos ver retratados en la sinagoga de Nazaret. Como los nazarenos, también nosotros, en un primer momento, acogemos con entusiasmo el mensaje del evangelio. Pero cuando comprendemos que la propuesta de Jesús nos exige cambios importantes en nuestro modo de vivir aparecen nuestras resistencias. 

Por otra parte, tampoco a nosotros nos agrada que alguien nos haga ver nuestras incoherencias y deje al descubierto nuestra incredulidad… El pasaje evangélico de hoy nos invita, pues, a no repetir el error de los paisanos de Jesús: en vez de echarlo fuera, salgamos nosotros fuera de los estrechos límites en que nos encerramos y vayamos con Él. Sigamos sus itinerarios imprevisibles y demos los pasos que nos proponga dar, aunque inicialmente no entren en nuestros cálculos.

DOMINGO IV del Tiempo Ordinario  

Lucas 4, 21-30

Comentario del P. Adolfo Franco S.J.

El domingo pasado leíamos en la Misa la primera parte de la presentación de Jesucristo en la sinagoga de Nazaret. Hoy leemos la segunda parte de este mismo hecho, que cuenta la tragedia en que terminó esta presentación de Jesucristo en la sinagoga de su ciudad; no fue bien recibido, fue rechazado por los suyos. Jesucristo tiene su primera actuación apostólica en su tierra, en Nazaret. Y no le fue muy bien, pues sus paisanos reaccionaron furiosos, tanto que quisieron asesinarlo, arrojándolo a un barranco. ¿Qué es lo que pasó?

Ellos pensaron que podrían aprovecharse de este «hijo predilecto» del pueblo de Nazaret para su propio provecho. Todos estaban felices de que volviese, y que empezase su predicación en su sinagoga, la que él había visitado tantas veces cuando niño. Y ahí está convertido en adulto, y todos orgullosos de El, y pensando en los beneficios que le podrían sacar. 

Jesús siempre fue transparente, y no quiere que queden dudas de su actuación, de su forma de ver las cosas. Y por eso les dice claramente que no le van a poder manipular, y que no les podrá hacer ningún «signo», porque ellos no tienen el corazón preparado. Además Jesús no ha venido a realizar espectáculos, sino a suscitar la fe. Muchas veces nos acercamos a Dios, lo buscamos, pero no para entregarnos más a El, para que nuestra fe en El crezca, sino para sacarle provecho. Esta es una tendencia frecuente y un peligro constante de nuestra relación con Dios. 

Este choque con la doctrina de Jesús la tendrán muchos de sus contemporáneos, porque encontraron que El no contemporizaba con ninguna apariencia, con ninguna superficialidad, ni con la comodidad, ni con lo fácil. Para El obtener popularidad y recibir aplausos fáciles no era ninguna meta; más bien rechazaba todo eso; no le interesaba el populismo religioso. Ahí está el problema que muchos encontraron en la predicación de Jesús. Y El fue lo suficientemente claro para que nadie dudase de qué es lo que enseñaba, y qué mensaje venía a traernos.

Los Apóstoles fueron los primeros sorprendidos cuando Jesús les planteó lo que significaba ser Mesías. No venía a buscar un triunfo humano, ni aplausos, ni una salvación política, ni nada por el estilo. Salvar a la humanidad era cumplir la voluntad del Padre hasta la Cruz. Y este era un lenguaje que escandalizó a los apóstoles, que quisieron disuadirlo. Ellos buscaron los lugares privilegiados junto a un supuesto triunfador de un reino de éxitos. Y Jesucristo les propone en su lugar beber del cáliz que El tenía que beber (el cáliz de la Pasión). 

Pero El siguió adelante con su idea de cumplir el mandato del Padre hasta las últimas consecuencias. Había sufrido en carne propia la tentación, cuando el demonio lo tentó por tres veces en el desierto. Y esa tentación tuvo el mismo contenido: el éxito, el dominio, la comodidad. Y tres veces rechazó la propuesta del demonio; porque había venido no a cumplir su voluntad, sino la del Padre. Y cuando esto lo convierte en enseñanza, nos dice quiénes son los bienaventurados, o sea quiénes en verdad aciertan en la vida: los pobres, los que lloran, los perseguidos, los mansos. Que a Dios no se le adora con prácticas rituales, ni en un templo o en el otro, sino en espíritu y en verdad. 

Y por atreverse a esto sus enemigos fueron llegando a la convicción de que El debía ser destruido, porque cuestionaba y hacía peligrar todos los refugios en que los hombres querían poner su confianza. Y al final, después de varios intentos fallidos, cuando fue la hora del «poder de las tinieblas», los poderosos culminaron su plan de eliminarlo. Aunque en realidad, sabemos que fue el momento de su triunfo. 

Esa presentación en la sinagoga de Nazaret, y el rechazo que Jesús sufrió y la amenaza de muerte que vivió, son la introducción abreviada de todo lo que sería el resto de su vida.

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