Habla Señor que tu siervo escucha!

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NUESTRA FUENTE DE INFORMACIÓN

Equipo CEP-Venezuela
Envío desde Caracas /

Te enviamos la Oración para la 4ª Semana de Resurrección, que va del domingo 12 al sábado 18 de mayo. Es un material que puede servir para la oración personal o comunitaria A LO LARGO DE LA SEMANA. También te enviamos un sencillo material que sirve de apoyo para la Homilía. 

La Oración va en doble formato: En Power-Point para utilizarlo en el computador o con Video-Beam, y en WORD por si desea imprimirse como texto.

Caracas, 7 de Mayo de 2019 / Recibe nuestro saludo y bendición. 

“Que nuestra experiencia de la Resurrección nos haga dar la vida sin reservas y sin preguntar en beneficio de quién la damos, para que nuestra entrega nazca de la pura respuesta generosa de quien se sabe perdonado, amado, llamado y enviado a construir en esta tierra la fraternidad, la justicia y la paz”.  Si te parece oportuno, te pedimos reenvíes estos materiales a tus amigos y conocidos.  Agradecemos la colaboración de los Padres Jesuitas EPIFANIO LABRADOR, ALEJANDRO GOÑI, ALBERTO GARCÍA-PASCUAL, LUIS GIMENEZ LOMBAR (España), LUIS MANUEL DE LA ENCINA (España) y a varios colaboradores de la Compañía de Jesús de América Latina y de España.  Fraternalmente: /Gustavo Albarrán sj /Jesús Torres Dugarte

Equipo CEP-Venezuela

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CONOCIDOS, LLAMADOS Y CUIDADOS POR EL RESUCITADO

[ Juan 10, 27-30 ]

En la 4ª Semana de Resurrección, la Liturgia nos ofrece el núcleo de la experiencia de la fe: La nueva vida se funda en Jesús. Él ha dicho: “Yo he venido para dar la vida a todos y para que la tengan en abundancia” (Juan 10, 10).
El Evangelio de Juan (10, 27-30) es muy breve y a la vez muy denso. En forma sencilla pero directa expone el itinerario de la vida resucitada y resucitadora: 1º) Mis ovejas escuchan mi voz; 2º) Yo las conozco y ellas me siguen; 3º) Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás; 4º) nadie las arrebatará de mi mano; el Padre que me las ha dado es más grande que todos; 5º) el Padre y Yo somos uno.
Lo primero que ha pedido Dios a su pueblo ha sido que escuche: “escucha Israel; escucha pueblo mío”, porque en la escucha es donde puede afianzarse una vida vuelta hacia Dios y hacia el mundo. No sirve una escucha servil, ni forjada por el miedo. Ya en el Antiguo Testamento, Dios no se conforma con una ley inscrita en tablas, sino que quiere que su ley esté inscrita en los corazones de las personas, para entablar desde allí todo diálogo, toda comunicación.

Jesús es la palabra viva de Dios: la palabra amiga y exigente de Dios. Su vida, su pasión y resurrección son el modo como Jesús se incrusta en el mundo y en el corazón de cada persona. Por ello dice con toda propiedad: Mis ovejas escuchan mi voz.

Yo las conozco y ellas me siguen. Un conocimiento y seguimiento que son la base, tanto de la experiencia personal de fe como de la vida de la comunidad. Nuestro conocimiento de las personas ha de parecerse al del Señor, para que pueda fundar seguimiento cristiano.

Conocer a las personas requiere salir de uno mismo, salir de las convicciones propias para encontrarse con la realidad de los demás. El seguimiento será el fruto de la experiencia cautivadora que Dios ha provocado en la mujer y el hombre que se exponen a un trato profundo con Él.

Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás. Para el evangelista Juan, vida eterna significa la comunicación de Dios en lo más interno de la persona, en su corazón; y esta comunicación es su amor. Como dice un gran santo: “el amor consiste en comunicación de las dos partes, a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene o de lo que tiene o puede, y así, el amado al amante” (EE 231).

Experimentarnos ganados para la vida eterna es lo que da plenitud a nuestra existencia, porque el Señor anticipa la alegría de un amor que es más fuerte que la muerte.
Nadie las arrebatará de mi mano; el Padre que me las ha dado es más grande que todos. Somos de Dios y nada ni nadie podrán quitarnos la esperanza de pertenecer a Dios y de estar bajo su cuidado y su amor, porque la gloria de Dios consiste en que todo hombre y toda mujer vivan.

Qué grande también el hombre y la mujer que se afanan como Dios para que todas las personas tengan vida en abundancia. Sólo así podrán decir como Jesús: mi Padre y yo somos uno.
Que nuestra experiencia de la Resurrección nos haga dar la vida sin reservas y sin preguntar en beneficio de quién la damos, para que nuestra entrega nazca de la pura respuesta generosa de quien se sabe perdonado, amado, llamado y enviado a construir en esta tierra la fraternidad, la justicia y la paz.

Podemos terminar con el texto siguiente: 

Tú Sabes Que Te Amo 

Si tú sabes que te amo, te protejo y te defiendo
«Soy Amor;» siempre lo he sido y nunca dejaré de serlo.

Soy tu amigo del cielo, por ti y por los tuyos velo;
aunque tú me seas infiel, Yo siempre fiel permanezco.

¡Es tanto lo que te amo! Nunca podrás comprenderlo,
por eso me gozo en ti cuando me dices: Te quiero.

Me agradas cuando me hablas, cuando te tomas tu tiempo
para confiar en Mí todo lo que llevas dentro. 

Sigue confiando, espera, sigue amándome y sirviendo;
son aquellos que me aman los que llevarán el premio.

Si sufres persecución por causa del Evangelio
resiste todo temor con el amor que es perfecto.

Recuerda, nunca lo olvides; soy tu amigo y te defiendo;
te amo, te amaré siempre y nunca dejaré de hacerlo.

(Cf. Zaida C de Ramos)

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