Habla Señor que tu siervo escucha!

Orando la semana 30 del tiempo ordinario – ciclo «B»

Material para la oración de cada día!

Buscar con Insistencia Mi Encuentro con Jesús

[ Del domingo 28 de Octubre al sábado 3 de Noviembre ]

Para tu oración diaria te presentamos 7 momentos para la oración. Un momento íntimo con el Señor, cada día.  No olvides que cada momento tiene que terminar con el Coloquio y el Examen de la oración. 

Nota: Agradecemos a P. Gustavo Albarrán SJ de la provincia de Venezuela por este envío del CEP que nos ayuda a evangelizar a nuestros hermanos y hermanas que buscan un momento para orar a través de esta página RemaMarAdentro –  remamaradentro.org

Durante la semana que ha pasado,  la liturgia nos ha invitado a transforma todo aquello que se traduce en mal uso del poder y convertirlo en capacidad y práctica de servicio y antes de presentar la reflexión propia de esta Semana 30 del Tiempo Ordinario, conviene hacer una breve referencia al día de Todos los Santos (1 de Nov.) y al de Todos los Difuntos (2 de Nov.).

La conmemoración de los Santos expresa la esperanza que nos habita: lo que Dios realizó en los Santos del cielo lo esperamos nosotros, confiados y arraigados en el amor. La Santidad sólo lo será Cristiana si reproducimos la actuación misericordiosa de Jesús. Lo propio del amor y de la santidad consiste en salir de sí mismo para hacer partícipes a los demás de lo que uno es y posee. Y así abrimos a la gratuidad de Dios, porque Él colma con su plenitud nuestra indigencia humana y nos coloca en situación de bienaventuranza.

La conmemoración de Todos los Difuntos nos coloca en situación de agradecimiento por las personas que nos acompañaron en esta vida. Somos de Dios. Somos de su exclusiva propiedad. Y “al morir, sólo nos quita lo que antes nos había prestado, con el solo fin de guardarlo en un lugar más inmune y seguro y para enriquecernos con unos bienes que superan nuestros deseos” (S. Luis Gonzaga). Cuando el dolor toca a nuestra puerta y no sucumbimos a la tristeza, sino que surge tenue aquella paz que sana el alma, comenzamos a vivir un amor que no puede morir, vive para siempre, porque es más fuerte que la muerte.

Sobre el Evangelio de esta Semana 30 del Tiempo Ordinario digamos que la Liturgia nos invita a profundizar en una experiencia de fe que nos permita encontrarnos real y expresamente con Jesús.

Marcos (10, 46-52) relata la situación de un ciego llamado Bartimeo que está al borde del camino. Él no ve, pero tiene unos buenos oídos que le ayudan a reconocer el paso de Jesús Nazareno en quien puede encontrar su curación. Por eso grita hasta el cansancio: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Bartimeo no ha perdido su aliento de vida. Aquel aliento que le hace pedir sin cansarse. Su petición es a la vez insistente y clamorosa, atrevida y sincera, audaz y confiada, porque cuando se tienen problemas serios, necesidades urgentes o situaciones calamitosas es cuando se pide con el corazón en la mano. La oración sale de lo profundo del alma.

Ante tal insistencia, Jesús no se hizo rogar. Pidió que llamaran a Bartimeo y entabló con él un diálogo directo, breve y misericordioso. Al momento este hombre recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino. Y es que su fe, tan probada por toda clase de prueba se había convertido ya en una luz interior que le anticipaba la visión, la confianza y la apuesta en el Señor. Por eso Jesús se atrevió a decirle: tu fe te ha salvado.

Todos tenemos algo de Bartimeo. Estamos ciegos y necesitamos poner en funcionamiento el oído o cualquier otro sentido que nos ayude a captar el paso de Dios. Pero sobre todo necesitamos la audacia-confianza para que, sin cansarnos, digamos a Jesús que lo necesitamos y que urge eliminar nuestras cegueras para volver a la vida.

Nosotros también necesitamos superar los múltiples obstáculos que distraen, malogran o impiden nuestro encuentro con el Señor. En primer lugar necesitamos acercarnos a Jesús sin miedos ni complejos, disponernos a escucharlo a través de su Palabra y, sobre todo, arriesgarnos a sentir su fuerza liberadora y sanadora, porque Él no se negará jamás a nadie.

Que nos atrevamos a caminar despiertos y atentos aún en medio de las dolencias, enfermedades y miserias de nuestras vidas para que captemos el paso sanador, reconciliador y transformador de Jesús y para que encontremos la fe que necesitamos para andar, para vivir y para amar. 

Momento Preparatorio: Lectura del Evangelio (Ambientación)

EVANGELIO DE MARCOS (10, 46-52)

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, hijo de Timeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo entonces y dijo: Llámenlo. Y llamaron al ciego, diciéndole: ¡Ánimo! Levántate, porque Él te llama. El ciego arrojó su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le preguntó Jesús: ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: Puedes irte, tu fe te ha salvado. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino. Palabra del Señor.

1er  Momento: A LO QUE VENGO 

Inicio mi encuentro con el Señor, escogiendo un sitio apropiado para mi oración.

Al llegar al sitio, en forma breve y sencilla, considero la calidad de la mirada de Dios Nuestro Señor sobre mí. 

Y me digo a mí mismo: 

¿A QUÉ VENGO? 

Vengo a que Jesús quite mis cegueras para que vuelva a la vida. 

[ Al final, rezo el Padrenuestro, saboreando cada palabra ] 

2do  Momento: PACIFICACIÓN

  • Ya sea sentado, paseando, acostado o reposado, tanto en casa, como en el parque o la Iglesia, me sereno para que esta cita con Dios tenga lugar.
  • Me acomodo con una posición que me ayude a concentrarme-descentrarme-centrarme, implicando todo mi ser.
  • Al ritmo de la respiración, doy lugar al silencio.

[Una y otra vez repito este ejercicio]. 

3er  Momento: ORACIÓN PREPARATORIA 

[NOTA: La oración preparatoria siguiente me ayuda a experimentar libertad de apegos. La repito tantas veces como quiera, dejando que resuene en mi mente y en mi corazón]

Señor, que todas mis intenciones, acciones y procesos interiores,

estén totalmente ordenados a cumplir tu voluntad. 

4to  Momento: COMPOSICIÓN DEL LUGAR 

[ NOTA: Este paso es muy especial y merece realizarse con esmero. Le dedico unos 10 minutos]

1°) Centro mi pensamiento en el contenido de la Oración.

2°) Con la imaginación revivo lo que relata el pasaje bíblico, sin perder detalle.

3°) Me ubico en la escena como si presente me hallara.

4°) Dejo que la Palabra irradie su luz sobre mí. 

5to  Momento: PETICIÓN

En forma sencilla formulo mi petición. Dejo que mi petición salga de dentro. Que nazca de lo más hondo de mi vida. 

Señor, que me exponga al encuentro transformador con tu Hijo Jesús.

(Si me ayuda, puedo decir varias veces la petición) 

6to  Momento: CONTENIDO o MATERIA DE LA ORACIÓN 

6.1) Primero: Reflexiono la Insistencia de Bartimeo por Recuperar su Salud 

  • Bartimeo es un ciego que está al borde del camino. No ve, pero tiene unos buenos oídos que le ayudan a reconocer el paso de Jesús Nazareno en quien puede encontrar su salud. Por eso grita hasta el cansancio: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Su petición es a la vez insistente y clamorosa, atrevida y sincera, audaz y confiada, porque cuando se tienen problemas serios, necesidades urgentes o situaciones calamitosas es cuando se pide con el corazón en la mano. La oración sale de lo profundo del alma.

 6.2) Segundo: Reflexiono la Respuesta Inmediata de Jesús

  • Jesús no se hizo rogar ante la petición de Bartimeo. Entabló con él un diálogo directo, misericordioso y sanador. Al momento este hombre recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino. Jesús franqueó el cerco de quienes impedían el acceso del ciego, liberándose de las formas, de los criterios y hasta de sí mismo al detener la propia ruta que venía haciendo desde su salida de Jericó, para atender a quien pedía insistentemente su salud. Por la apuesta de aquel hombre, Jesús le dijo: tu fe te ha salvado.

6.3) Tercero: Reflexiono La Necesidad de Encontrarme con Jesús

  • Todos tenemos algo de Bartimeo. Estamos ciegos y necesitamos poner en funcionamiento el oído o cualquier otro sentido que nos haga captar el paso del Señor. Necesitamos superar los obstáculos que impiden encontrarnos con Él. Necesitamos la audacia-confianza para decirle que elimine nuestras cegueras.Necesitamos acercarnos a Jesús sin miedos ni complejos, disponernos a escucharlo a través de su Palabra y, sobre todo, arriesgarnos a sentir su fuerza liberadora que nos lanza al encuentro con Él y con las personas. 

7mo  Momento: COLOQUIO

NOTA: El coloquio es un diálogo que se hace hablando como un amigo habla a otro, ya sea para pedir alguna gracia, ya sea reconociendo la fragilidad o el pecado o para comunicar sus cosas y queriendo consejo en ellas.

(El texto sugerido puede ser útil para el COLOQUIO).

VOLVER A LA VIDA

Quiero sentir que mis ojos recuperan su vigor

para regresar al mundo, libre, sano y sin temor.

Quiero ojos que me lleven de regreso a la verdad,

poder andar entre la gente, captar la belleza sin par.

Quiero la intensidad de ser, de sentir y de vibrar,

aún con los sufrimientos que me impedían mirar.

Quiero regresar al mundo con sus luchas sin igual,

viviendo en el día a día sin querer volver atrás.

Con mis firmes convicciones, mis ideas y mis amores,

con mis deseos intensos, también mis logros y errores.

(Cf. Macin Roel) 

8vo  Momento: EXAMEN DE LA ORACIÓN

Nota: Las siguientes interrogantes ayudan a centrar la experiencia vivida en la Oración.

1º) ¿Qué pasó en mí durante este Ejercicio?

2º) ¿A través de cuáles señales me habló Dios?

3º) ¿Qué quiero cambiar en mi vida?

4º) ¿Qué me distrajo en la Oración?

5º) ¿Qué me produjo desaliento o desconfianza durante la Oración?

6º) ¿Qué se quedó grabado en mí?

 Termino la Oración con la Siguiente Ofrenda

Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad;

todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a ti, Señor lo devuelvo.

Todo es tuyo. Dispón de mí según tu voluntad.

Dame tu amor y gracia que ésta me basta. Amén.

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