Curso Taller de Acompañamiento en Ejercicios Espirituales

Lo que esperaba San Ignacio de los Ejercicios Espirituales

Taller para acompañantes en Ejercicios Espirituales

LO QUE IGNACIO ESPERA DE LOS EJERCICIOS

Maurice Giuliani S.J.

El ejercitante que se presenta hoy día para “hacer Ejercicios” puede estar animado de deseos muy diversos, según sea la grave decisión que ha de tomar ante Dios, una duda o una cuestión a resolver, una inquietud espiritual más o menos difusa de la que busca conocer las causas para encontrar un descanso, una voluntad de entregarse más generosamente a la llamada de Dios sobre sí mismo.

Para comprender mejor el fruto que cada uno puede obtener de los Ejercicios, es importante precisar, ante todo, lo que el mismo Ignacio esperaba de sus Ejercicios. Más allá de cuatro siglos de historia y de interpretaciones variadas, debemos intentar desgajar los aspectos fundamentales del método, tal como aparece entre las manos del que los creó. En una materia tan delicada, que supone innumerables investigaciones históricas, queremos solamente trazar algunos caminos que, según nuestro parecer, permiten orientarse y saber en qué condiciones permanece uno fiel a lo que pretendía san Ignacio.

LOS EJERCICIOS, INSTRUMENTO DE EDUCACIÓN

En la boca o bajo la pluma de los contemporáneos de Ignacio que nos han dejado recuerdos, testimonios o primeros ensayos de biografía, viene frecuentemente esta pequeña frase bastante enigmática: “Daba los Ejercicios a muchas personas”. Es evidente que esta indicación señala un apostolado que se realiza bajo formas muy diversas.

En los primeros años que siguieron a su conversión, desde Manresa hasta su partida hacia París, vemos un Ignacio en las espontáneas tendencias de su celo, cuando ni su futura obra ni sus medios de acción se le proponen todavía con claridad.

Cuando empieza a dar los Ejercicios, estos están muy lejos de constituir el método coherente y progresivo que hoy conocemos. Sin duda las intuiciones centrales y la arquitectura de conjunto son adquiridas muy pronto: de Loyola datan las notas sobre la discreción de espíritus que deberán clarificar, lo veremos, la actitud del futuro ejercitante; en Manresa, Ignacio tiene ya la “sustancia” de  los Ejercicios: las meditaciones del Reino y de las dos Banderas son como el principio del desarrollo en torno al cual poco a poco va a organizarse todo el resto. Con todo, ni el libro ni el método están todavía establecidos: es la práctica apostólica lo que acaba de iluminar al hombre que es todavía un novicio en las vías de Dios, y es el contacto con las almas el que va a imprimir en la estructura de los Ejercicios una señal decisiva.

En efecto, desde ese tiempo de Manresa que fue para él como “su primitiva iglesia”, Ignacio es un apóstol. “La experiencia le enseñó que, cuando comunicaba al prójimo los dones que él recibía, éstos lejos de  disminuir, aumentaban en él intensamente”. Advertencia capital que ilumina todavía más la confesión del mismo Ignacio: “En la misma Manresa… después que empezó a ser consolado de Dios y vio el fruto que hacía en las almas tratándolas, dejó aquellos extremos que de antes tenía”.

La presencia de personas que hay que ayudar se impone a Ignacio en el corazón mismo de su contacto con Dios, y no como una necesidad secundaria y externa; es una presencia tal, garantizada por las consolaciones divinas, la que le lleva a entregarse todavía más todo a todos. Para él, la experiencia del celo de las personas es necesaria para la  inteligencia del misterio de Dios, la acción es necesaria para el progreso de la oración, y, en el punto que nos ocupa, es dando Ejercicios como acaba él mismo por hacerlos.

Así los Ejercicios son, desde el principio, el fruto conjugado de una experiencia interior y de una experiencia apostólica. La primera se encuentra sobre todo en el contenido de ciertas meditaciones; la segunda en el conjunto de reglas, anotaciones, notas del cual está tejido todo el libro.

Pero es esencial notar que estas dos experiencias no están yuxtapuestas: se compenetran mutuamente, y es su unión la que constituye la verdadera originalidad y la fuerza propia de los Ejercicios.

En un retiro que se presente como de san Ignacio hay que presentarlas a la vez: contentarse con temas o ideas (aun señalando la cohesión y la lógica espiritual) sin insistir al mismo tiempo sobre la experiencia de las almas que se encuentra codificada a lo largo de todo el librito, supondría ser más gravemente infiel que si se omitiera una u otra de las meditaciones consideradas como más expresivas de Ignacio, porque ello sería desconocer el carácter que los Ejercicios tienen de su génesis histórica: la intuición religiosa y la pedagogía práctica están esencialmente ligadas la una con la otra.

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