Comentarios al evangelio del domingo

La Alegría de los discípulos y el Espíritu Santo

Las manos y el costado que muestra Jesús, memoria de lo que hizo por la humanidad entera

LA RESURRECCIÓN NOS LLEVA A PERCIBIR UNO DE LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU

Esos frutos son aquel conjunto de los bienes prometidos por Dios y esperados por la humanidad. Son vitales porque fundamenta las relaciones de las personas y de los pueblos en la justicia.

LA PAZ COMO GARANTE DE TODA ESPERANZA.- La señal del Resucitado – Jesús les dijo: La paz esté con ustedes… (vv. 19 y 21). La paz es la señal cierta de la presencia del Resucitado, es su saludo característico, el fruto primero de su Espíritu que actúa en los corazones. La paz es signo de la gracia de Dios en nuestros corazones y del orden social basado en la justicia. La paz restablece al creyente en la confianza, es garantía de la esperanza.

JESÚS TIENE OTRA  MANERA DE DARSE A CONOCER Y RECORDARNOS TODO LO QUE HIZO.  Miremos las huellas de la cruz.- (v. 20): se les dio a conocer haciéndoles referencia a su historia, a lo que hizo por nosotros. Siempre podemos reconocerlo por lo que él hace por nosotros. Los discípulos comprendieron al mismo tiempo que el Resucitado allí presente era el mismo Jesús de Nazaret, Galilea, Judea y el Calvario, no otro.

BROTA LA ALEGRÍA DE LOS DISCÍPULOS

ES LA ALEGRÍA DE LA IGLESIA – necesitamos DE ESA ALEGRÍA – no se puede vivir sin ella.  Los discípulos se llenaron de alegría, de la alegría que el mismo Jesús les había anunciado antes de partir: «volveré y de nuevo se alegrarán con una alegría que ya nadie les podrá quitar «(Jn 16,22). La Iglesia vive de esa alegría, la necesitamos, no se puede vivir sin ella. Ella demuestra que confiamos en la presencia continua del Señor en la Iglesia: el Señor no la abandonará; salvada, nadie ni nada prevalecerá contra ella.

RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO Viene luego un gesto simbólico: Sopló sobre ellos. Y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. Este gesto evoca el soplo creador de Dios sobre Adán y sugiere que la obra que el Padre realiza con la resurrección de su Hijo equivale a una nueva creación, al nacimiento de una humanidad nueva liberada, capaz de vivir según su Espíritu y de demostrar que el pecado, el mal de este mundo, pierde su fuerza opresora cuando se sigue a Cristo y se acepta su perdón.

 

 

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