DISCERNIMIENTOFORMACIÓN

Falsedad y autenticidad de la desolación

Seminario: "Ir detrás del espíritu" Centro Loyola Arequipa

 Falsedad y Autenticidad de la Desolación – Consolación                      [1]

En el discernimiento se ponen en juego diversas facetas y algunas son inconscientes, no racionales, que pueden ayudar o entorpecer el discernimiento. Ante los movimientos internos, con frecuencia, se tiende a buscar soluciones desde la razón, sin dejar que aparezca el resto de la interioridad. Pero las mociones internas no las controlan ni el entendimiento ni la voluntad, pensándose que vienen de fuera. A esto se unen los sentimientos que se fraguan fuera de nuestra consciencia. Los movimientos internos afectan a toda la persona, y no sólo a la afectividad, recibiendo respuestas psicológicas muy variadas. La base psicológica de estos movimientos está en la experiencia afectiva no consciente. No hay nexos lógicos, pero esto no nos impide entrar en contacto con nuestro mundo interior.

Falsa (perturbadora) Desolación.

Toda desolación que forme parte del proceso espiritual puede ser positiva, e incluso, deseable. Una desolación evolutiva a su tiempo es buena. Pero pueden darse movimientos adjuntos que no tienen que ver con el proceso configurador de la personalidad y menos aún con lo espiritual. Hay que detectar lo que es desolación de lo que son desajustes que inicialmente pueden parecer desolación pero que se decantan en situaciones graves y desestructurantes.

1ª.- Desolación escrupulosa. Se caracteriza por crear una atmósfera de parálisis donde la persona se encuentra con incapacidad para avanzar. Concomitancia de tentaciones repetidas sobre algo prohibido con la imperiosa necesidad de búsqueda de tranquilidad a través de la autoridad. Afectivamente va acompañada de una falta de libertad y un encogimiento interior con una insatisfacción por no conseguir lo deseado. Necesidad de controlar la situación, con enormes autoexigencias relacionadas con la autoridad. La culpa es patológica y la reparación es obsesiva, por lo que no lleva a progresar. La culpa se manifiesta como mero rasgo primitivo. Suele darse en personas perfeccionistas.

2°.- Desolación fluctuante. Sus síntomas también aparecen en las falsas consolaciones. Se da un malestar, desgana perezosa, inquietud y ansiedad, tristeza voluble… Esto se da cuando las cosas no resultan al gusto, no procesa las contradicciones sino que las evita, con lo cual se cambia de ánimo inmediatamente. Tiende a ocultar la realidad interior incluso para sí mismo, aunque, paradójicamente, necesita que los demás sepan lo que está padeciendo. Necesita sentir afecto, porque le faltan las raíces de su propia identidad. Si hay culpa, la atribuye a otros, siendo la reparación inexistente, superficial o escasa. No afronta las dificultades reconociendo su responsabilidad, haciendo infantil su relación con Dios (y con físicas, Dios se vuelve un perseguidor inmisericorde ante el que pareciera estarse inevitablemente condenado. No se debe confundir con situaciones transitorias reactivas que se dan por la presión psicológica del pecado.

  1. b) Falsa Consolación

1ª.- Consolación tranquilizadora (de tipo escrupuloso). Viene de la sensación de tener bajo control la propia vida espiritual ante lo imprevisible y desconocido. Se nutre del perfecto cumplimiento de normas externas o auto-impuestas que preservan de falsos sentimientos de culpa en relación a una imagen de Dios severo y justiciero. No es receptiva de estímulos externos y tampoco es creativa. Es compensatoria.

2ª.- Consolación fluctuante (narcisista). La persona vive una alegría superficial directamente dependiente del aprecio de los demás. La consolación no tiene por base el amor al otro, sino la comprobación de que se es amado. Si falta el aprecio y el afecto de los demás, la persona no puede soportar la frustración y entra en la depresión que hemos llamado “fluctuante”. Es “egocéntrica” y está fundada en el deseo infantil de omnipotencia, el cual, puede también, satisfacer una vida espiritual superficial, auto-justificatoria y auto-referencial.

3ª.- Consolación hipomaniaca: La persona vive una “euforia” claramente (para los demás) defensiva, porque en el fondo hay inquietud. Aparentemente vive contenta y sin dificultades, pero puede hacer sufrir a los demás sin darse cuenta. Evita hacerse cargo de las dificultades propias y de las de los demás. Hay incapacidad de soportar decepción o fracaso, depresión o desolación y se defienden hasta negarlas obstinadamente. Esta obstinación es un signo defensivo. Difícilmente alcanza un sano sentido del pecado y del fracaso personal.

[1] FONT, Jordi, Discernimiento de espíritus. Ensayo de interpretación psicológica. Manresa 59 (1987), 127-147

Tags
Ver mas+

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close
Close