Experiencia Espiritual en EE

La experiencia espiritual de los Ejercicios de San Ignacio
José Ignacio González Faus, SJ
Introducción: claves de lectura
Para llevar a cabo una lectura fiel y audaz de los Ejercicios ignacianos, creo que conviene atender a dos claves hermenéuticas fundamentales.   En primer lugar, el nombre mismo de «Ejercicios» nos invita claramente a no considerarlos como un simple «tratado» de meditaciones o de «puntos» para la oración. El nombre de  Ejercicios» alude más bien a unas determinadas «prácticas» mediante las cuales se intenta llegar a algo.  Y ese «algo» es la experiencia espiritual que intentaremos describir en el presente escrito.
En segundo lugar, y en completo acuerdo con lo anterior, el valor hermenéutico decisivo no reside tanto en las «materias» que se proponen para meditar cuanto en las peticiones, coloquios y otras observaciones de este tipo que orientan sobre lo que se pretende conseguir en cada ejercicio o grupo de ellos. 
De acuerdo con esta doble clave hermenéutica tan simple, los Ejercicios se nos revelarán, efectivamente, no como una «lista de temas sobre los cuales predicar», sino más bien como una «pedagogía hacia una experiencia espiritual». Y una experiencia que, a su vez, no es puntual, sino histórica: va desarrollándose a lo largo de todo un proceso. Y dentro de este proceso, cada paso no se encadena con el siguiente por una lógica deductiva y racional, sino más bien por una especie de lógica «psicológica» o, si se quiere, por una concatenación afectiva, en la que cada estado anímico suscita aquellos otros que se complementan, le compensan o le hacen avanzar hasta la totalidad de la experiencia espiritual perseguida. Utilizando la clave hermenéutica propuesta, me parece que es posible llegar a una cierta descripción de la experiencia espiritual de los Ejercicios. Y, ciñéndonos literalmente a su texto,creo que existen tres o cuatro expresiones de san Ignacio que señalan nítidamente el camino paraesa descripción. Ellas nos proporcionan el armazón del presente artículo. Y son las siguientes: en primer lugar, la palabra «misericordia» [61] y el «conocimiento interno» [104]. En segundo lugar, la observación de que «la Divinidad se esconde» [196]. Y, finalmente, el consejo de atender «al oficio de consolador del Resucitado». Con estos tres o cuatro títulos (los dos primeros son en realidad correlativos, como ahora vamos a ver) tendríamos los diversos capítulos de los que también cabría retitular como la cristología de los Ejercicios ignacianos.
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