Círculos de Familias Ignacianas Colegio San José de Arequipa

Espiritualidad Ignaciana percibida y asimilada por la familia

En todo Amar y Servir

LA ESPIRITUALIDAD IGNACIANA

Las familias ignacianas son tocadas por el espíritu del Señor para percibir la familia disponible al servicio de Dios Nuestro Señor!

La experiencia espiritual de Ignacio de Loyola

Hablar de Espiritualidad ignaciana es entrar de lleno a la experiencia espiritual de Ignacio de Loyola. Uno de los frutos que Ignacio nos dejó fueron los Ejercicios Espirituales.

Ejercicios Espirituales [  EE   ].- Brota de la experiencia espiritual que vivió  Ignacio de Loyola.  Se trata de una escuela de oración, una forma muy particular de asomarse al Evangelio y a la propia vida.  Ignacio se dio cuenta que esta experiencia no sólo le ayudó a él sino a otras personas. Y así hasta nuestros días.

En esta experiencia, marcada por la oración, las familias de nuestros círculos ignacianos irán sintiéndose tocados en sus vidas e irán adquiriendo una serie de elementos que las van a definir mejor para entenderse como familias ignacianas.  Hay una toma de consciencia de los siguiente.

  1. El Señor quiere algo para la vida de cada uno de los que integran la familia
  2. Las familias se darán cuanta que sus vidas constituyen una forma de seguir al Señor
  3. Cada familia irá sintiendo el impulso para trabajar en un mundo herido y Dios nos invita a ser portadores de buenas noticias
  4. Cada familia irá siendo consciente y le dará sentido a su propia fragilidad.
  5. Cada familia entenderá que toda esta vivencia familiar se da en el seno de la Iglesia y al calor de sentirse una familia ignaciana que se siente impulsada desde el colegio a ser contemplativos en la acción en esta realidad concreta que les toca vivir.
  6. Cada familia entenderá la fuerza que les da el Amor.

ELEMENTOS DE LA ESPIRITUALIDAD IGNACIANA

Primer elemento de la espiritualidad ignaciana: Buscar la Voluntad de Dios. ¿Es posible saber lo que Dios  quiere en la vida de cada uno? – Dios quiere lo mejor para cada ser humano- .

En los Ejercicios Espirituales Ignacio nos enseña a Buscar lo que Dios quiere para la ¿vida del ser humano.  «Buscar y hallar la  Voluntad divina en la disposición de su vida…»  [ EE: 1  ]   Como Esposo o esposa creyente alguna vez se han preguntado ¿qué querrá Dios de sus vidas?

Dios nos ha creado y tiene para cada uno un camino. Pueden preguntarse como familia qué querrá Dios de nosotros como pareja, como padres de familia.  Ante estas preguntas hay que decidir buscar esta respuesta en la encrucijada de la vida.  Las familias tienen cierta experiencia pues, han tomado decisiones en las diferentes circunstancias de sus vidas; por ejemplo, ¿dónde vivir? ¿cambio de trabajo? ¿cómo hacerlo?. Ahora se trata de dejar que Dios nos ayude a tomar sabias decisiones; se trata de darle otro matiz a sus búsquedas.  Dios quiere el bien de cada ser humano, quiere que cada familia viva con la dignidad de ser hijos he hijas de Dios. Dios desea que sus hijos e hijas tengan una vida auténtica capaces de desarrollarse en sus capacidades y talentos, de amar, reír, avanzar, de crecer y de creer.

La pregunta es ¿dónde buscar? ¿cómo darse cuenta de qué es lo que Dios quiere?.

  • Mirando el mundo, rezándolo y tratando de escuchar y comprender con oídos distintos la palabra de Dios.
  • Todo esto le irá dando nuevas ideas, intuiciones, posibilidades y horizontes.
  • Discernir: preguntarse ¿Qué camino escoger o elegir? El criterio será escoger entre lo bueno lo mejor.  Lo difícil en esta vida es que muchas veces no está claro qué es bueno, lo deseable, lo justo.
  • ¿Cómo proceder? El discernimiento nos pone en búsqueda, por eso , hay que pensar, rezar, hablar, imaginar pros y contras de cada decisión; escuchar los propios sentimientos.

Segundo elemento de la espiritualidad ignaciana  ¿De quién aprender?  A la manera de Jesús. Conociendo internamente que por cada familia, por cada uno de nosotros se ha hecho hombre  para más amarle y seguirle. [EE: 104] – En Jesús encontramos una manera de vivir-

En el proceso de formación de los Círculos de familias Ignacianas cada familia opta por seguir a Jesús de Nazaret, a quien se descubre en el Evangelio. Se le sigue creyendo que está entre nosotros. Es un seguimiento en amistad en continuo aprendizaje del modo de decir y hacer reino por parte de Jesús.   Desde este acercamiento a Jesús nuestros Círculos de familias ignacianas aprenderán  a consciencia que Jesús tubo una misión, un anuncio, una buena noticia para la gente.  Se darán cuenta que Jesús pasó por este mundo siendo pobre y humilde. Conviene reflexionar en este punto porque vivimos en un mundo donde las familias buscan lo mejor para sus hijo para seguir creciendo sólo en la riqueza y en el éxito.

De ahí que los Círculos de Familias Ignacianas se animarán a vivir desde Jesús cuando contemplen las escenas del Evangelio, al escuchar sus palabras que siguen siendo válidas para hoy; al ver los gestos que de Jesús que rompen todos los esquemas de su época. O al oír el mensaje que sigue siendo poderoso hoy en día.

Tercer elemento de la espiritualidad ignaciana: saber mirar el mundo herido y trabajar en él  por la fe y la Justicia [EE: 101]   «Hagamos la redención del género humano» [  EE: 107 ].

Como consecuencia de asumir los dos elementos anteriores es inevitable pensar en este mundo. No hace falta ser demasiado inteligente para no darse cuenta. Vivimos en un mundo hermoso y bello, donde hay buenas personas, donde todavía hay confianza; sin embargo, no podemos negar que existe ese otro lado oscuro donde hay familias que viven situaciones muy complejas y difíciles. Las familias se dan cuenta que en este mundo también hay tragedias y alegría; guerra y paz, hambre y saciedad.  Hay gente a quien parece que todo le sonríe, y otras personas que se diría que han nacido para sufrir.  La cuestión del mal es inquietante. Surge una pregunta. ¿Por qué lo quiere Dios? No hay una respuesta definitiva.

Ante esto los Círculos de familias Ignacianas se dan cuenta que están para dejar una huella distinta, para pasar por el mundo haciendo el bien, para contribuir a construir algo diferente, mejor. El ser humano es “creativo” para hacer el mal muchas veces, pero la capacidad de las familias bien constituidas para hacer el bien es mucho mayor; por eso es bueno imaginar, componer, crear, investigar, descubrir nuevas respuestas que mejoran las condiciones de vida de las personas.  En fin, no se trata de nada nuevo, muchas familias ya lo hacen. Se han dispuesto para hacer el bien a otras familias. Viven el Magis a flor de piel a partir de sentirse amados y descubrir que su misión en este mundo.

En consecuencia, los Círculos de Familias Ignacianas podrán vivir disponibles, con grande ánimo y liberalidad el deseo de ser familias que desean vivir como «un fuego que enciende otros fuegos».  Son familias apasionadas y animan a otras familias a anunciar el Evangelio.  Esta vivencia las llevará a ir más allá de sus fronteras geográficas, culturales, sociales, económicas. Allá donde las situaciones se viven más al límite.

Otro elemento destacado de la espiritualidad ignaciana es la capacidad de mirar con desnudez la propia vida. – El conocerse bien-. Ordenar lo que haya que ordenar. Aprender a aceptar que todos tenemos bastantes flaquezas ( y a pesar de eso podemos hacer grandes cosas)

Es decir, los tres elementos anteriores pueden hacerse verdad plena. Pues el criterio es cambiar el mundo pero no hay que olvidar que ayuda mirar la propia vida en el espejo y empezar a cambiar lo que se ve. Querer cambiar el mundo implica darse cuenta que es una tarea ambiciosa y que posiblemente conseguiremos muy poco en la vida.

Hay que aceptar las propias limitaciones. En la vida hay que aceptar muchas veces que tenemos pies de barro, la fragilidad propia, reírse un poco de uno mismo en lo que tiene de desastre, y pese a todo, ponerse manos a la obra para mejorar el mundo.

Aceptar esa limitación no quiere decir que no importe. Muchas cosas dolerán y quizás hasta podemos hacer daño a otros; por eso no se pueden tomar las cosas a la ligera y hay que luchar contra ellas.

No hay que aspirar a una perfección imposible, sino aprender a aceptar que todos tenemos bastantes flaquezas ( y a pesar de eso podemos hacer grandes cosas)

¿Cómo se hace?

  • Detectar mis propias ambigüedades
  • Estar dispuestos a discernir y estar en guardia contra esas dinámicas tramposas que solo son espejismos y te llevan a desear lo que no merece la pena.
  • Mirarse a sí mismo y buscar ser mejor persona.

 Otro elemento de la espiritualidad ignaciana: Sentir con la Iglesia.

Los Círculos de familias Ignacianas se fundan en nuestro colegio San José de Arequipa desde la espiritualidad ignaciana. Pero es vital saber que somos parte una Iglesia cuyo referente es Jesús el resucitado. Sin ella no somos nada, así de simple.

Todos conocemos y tenemos más amplitud que en otros tiempos para saber cómo camina la Iglesia del Señor en esta época que nos toca vivir. Vemos como en siglos pasados ciertas dosis de calamidad. No somos ciegos a todas estas cosas.

Sabemos también que los jesuitas han ayudado para hacer grandes reformas internas. Hay que convencerse que hay que trabajar desde dentro, seguros de que la Iglesia es un espacio desde donde se puede anunciar el Evangelio.

No podemos perder nuestro sentido crítico; sin embargo, no quiere decir que echemos bombas.  La espiritualidad ignaciana nos enseña a saber conjugar la crítica con fidelidad.  No es una crítica que destruye sino la consciencia de que desde dentro, y sintiéndose parte de ella, intuye caminos par air mejorando.

Otro elemento de la espiritualidad ignaciana es Ser contemplativos en la Acción: [ EE: 230]  Es el Amor sobre lo que se levanta toda la espiritualidad ignaciana.

No se trata de ser super avistados o muy listos muy formados, muy creyentes o muy eruditos. No se trata de que haya que tener mucha fuerza de voluntad, talento y acierto.

Se trata de saber como Círculos de Familias Ignacianas de que el amor, tal como lo aprendemos de Dios, es el mejor motor para la vida.

Este último elemento es vital para la vida cotidiana de los Círculos de familias Ignacianas. El ejercicio del Amor, desde la fe como sentimiento más hondo y la realidad más profunda porque cada familia se dará cuenta y cree que es el Amor lo que mejor define a Dios y de alguna manera los seres humanos hemos nacido para esto. Para vivir desde un amor radical. Para acoger, para cuidar, para acariciar, para aceptar incondicionalmente a las personas, para encontrarnos, para desear lo mejor.

Pero ¿qué es el Amor?.  Primero veamos lo que no es el amor

  • El Amor no es sólo un sentimiento poético para adornas carpetas o para poner frases sonoras en internet
  • No es la letra de una canción ni un corazón rojo pintado no se sabe muy bien dónde.

El Amor es más concreto, más real, y más grande. Son palabras y gestos. Es deseo pero también  es acción.  Es sobre todo el deseo de que todo vaya bien. Y hacer lo que parezca necesario para conseguirlo.

Se puede vivir queriendo a la gente. No únicamente a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, o a tus amigos.  Queriendo de otra manera, a los de tu entorno. De algún modo intentando querer a todos.  Y es producto de un aprendizaje desde Dios. Dios es Amor y nos enseña amar.

El Amor que nos enseña el seguir a Jesús es el mismísimo Amor que nos enseña Dios.   Es una amor gratuito (no se compra, ni se exige, ni se negocia) .  Es un amor que quiere lo mejor para el otro. Que es eterno, que es fiel, y sincero.

Es un amor que tiene corazón para sentir, y cabeza para pensar, y manos para construir, y entrañas para conmoverse, y pies para ponerse en marcha donde está quien me necesiya. Es decir, que lo abarca todo.

El Amor es en definitiva el fundamento de la espiritualidad ignaciana. Si nuestra familias en lo que hacen no hay amor, entonces se ha fracasado. Pero si aman, todo está a su alcance.

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5 Comments

  1. Es un gran acierto pastoral la formacion de estos círculos familiares Ignacianos; gracias querido P. Enrique Castro SJ. por compartir ,refrescarnos, fortalecernos en el Espiritu Ignaciano.

  2. Muy bonita experiencia vivir la espiritualidad ignaciana en la vida diaria, luchar siempre por ser libre del pecado y estar en constante discernimiento para estar en paz

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