Comentarios al evangelio del domingo

El Resucitado se hace presente en la comunidad

II Domingo de Pascua (Ciclo C) Jn 21, 1-19  Aparición a los discípulos en Tiberíades

III Domingo de Pascua (Ciclo C) Jn 21, 1-19  Aparición a los discípulos en Tiberíades

El Resucitado se hace presente en la comunidad. Pedro, que, a pesar de las negaciones, sigue siendo el apóstol destinado a pastorear a la comunidad. Su autoridad ha de estar inspirada por el amor al Señor (10, 1-18), buen pastor, y a sus ovejas, que deben ser tratadas como hermanos y amigos (15,14s).

Aparece la Misión de la Comunidad: “Voy a pescar, dice Pedro”. Es la misión de la comunidad. “Los he destinado para que vayan y den fruto”. La iniciativa de Pedro arrastra.

Salieron, pero aquella noche no pescaron nada. Sin el Señor, y de noche, la labor es infecunda.

La pesca concluye con una invitación del Resucitado a una comida, que por la forma como está narrada es una alusión clara a la eucaristía. “Vengan a comer”. El evangelista Juan quiere hacernos conscientes de la presencia permanente de Jesucristo Resucitado en el banquete de la eucaristía (Jesús la explica en su discurso sobre del Pan de Vida, en el cap.6).

-Simón de Juan, ¿me amas más que éstos? Jesús le pregunta si puede aducir la única razón por la cual podría justificar su pretensión de ser el primero: un amor mayor que el de los demás. Pedro no podría afirmarlo, ha negado a su Señor. Por eso evita toda comparación y simplemente expresa su cariño de amigo. Señor, sí, tú sabes que te quiero. Ya no queda nada de su pretensión y obstinación anterior. Ha aprendido que el amor a Jesús se demuestra no con declaraciones de fidelidad, sino mostrándose disponible a servir como Él hasta dar la vida (14,21: “El que ha hecho suyos mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama”). 

Jesús le dice Apacienta mis corderos. Hace ver a Pedro que su amistad sólo es auténtica si se entrega a dar y promover la vida de los demás. Apacentar, procurar pasto, significa alimentar, colaborar con Jesús en dar vida a sus corderos y ovejas, es decir, a todo el rebaño, a los pequeños y a los grandes, sin discriminación basada en la importancia (o en todo caso, primero los pequeños).

Le preguntó de nuevo: Simón de Juan… y la respuesta de Pedro es la misma; afirma su vinculación a Jesús como amigo y se remite a su saber. Jesús le dice pastorea mis ovejas, asociando al discípulo a su oficio de buen pastor, que se entrega por las ovejas. 

Por tercera vez le preguntó: Simón de Juan ¿me quieres? Pedro advierte que le pregunta por tercera vez porque tres veces lo negó, y se entristece, se mueve a una rectificación total. Pedro había seguido al Señor como quien vive sometido a un jefe. Lo que le pide Jesús es la adhesión que da libertad, porque se basa no en la subordinación sino en la amistad. Pedro ha de tener esto para dar su respuesta, que será la definitiva.  Ahora ve que no puede tener secretos para Jesús y que éste conoce perfectamente la calidad de su adhesión. Por eso dice: Señor, tú lo sabes todo…

Y Jesús con sus palabras, Apacienta mis ovejas, sintetiza las dos invitaciones anteriores, moviendo a Pedro a considerar como misión suya el hacer que los hermanos encuentren vida. Pero para esto, tendrá que estar dispuesto a entregar su propia vida. Por eso añade Jesús: Cuando eras joven…ibas donde querías, cuando seas viejo otros te ceñirán y llevarán donde no quieras ir. Le predice con ello que su destino será dar su vida en la cruz como Él. Dicho esto, añadió: Sígueme. Pedro inicia o recomienza su discipulado, sigue los pasos de Jesús en su vida y en su muerte.

En la eucaristía el Señor resucitado se nos hace presente. Traemos nuestro pan y nuestro vino, pero Él es nuestro anfitrión. Confluyen la iniciativa divina y la acción humana. Comer su cuerpo y beber su sangre nos compromete a asimilarnos a Él, en su vida y en su misión de dar vida.

 

 

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