Ejercicios Espirituales

Ejercicio: Indiferencia ignaciana

Afinando el Principio y Fundamento en Ejercicios espirituales

A continuación le propongo un ejercicio para afinar el Principio y Fundamento que en Ejercicios espirituales estamos orando. Se trata de tomar conciencia que Dios es mi único absoluto, no hay vuelta atrás…  «me doy cuenta que mientras mi corazón descanse en tesoros pasados, estaré fosilizado y muerto, pues la vida está en el presente mirando al futuro
"Me desprendo de mi pasado: Así, pues, me dispongo a desprenderme de cada uno de mis tesoros del pasado; me despido de mis dorados ayeres…y cada uno de ellos les explico que, aunque le estoy muy agradecido por haber entrado en mi vida y por haberme dado tanto, ahora debe de salir de ella (de mi vida pasada)…de lo contrario, mi corazón no aprenderá jamás a amar el presente. "
LA INDIFERENCIA IGNACIANA
EJERCICIO:

“…Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; de tal manera que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados”                                                                     

                                                                        EE: 23 PRINCIPIO Y FUNDAMENTO 

EJERCICIO PARA AFINAR MI PRINCIPIO Y FUNDAMENTO 

Luego de orar y dejarnos tocar por el amor de Dios que nos lleva a Alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor; luego de darnos cuenta que la creación, que las cosas y las demás personas están hechas para ser feliz y  con libertad aprender a ponderar que tanto cuanto he de querer de las cosas tanto cuanto me ayuden y tanto cuanto debo de quitarme de las cosas si me impiden ser feliz; entonces es “menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas…..”   Ha llegado el momento de consultarle a mi sensibilidad si estoy dispuesto a ponerme en manos del Señor; ponderaré mucho con mi razón y mi voluntad y dejando todo en manos a lo que Dios quisiera servirse  de mi vida me dispongo a contemplar al Señor que me dice este día: 

…”DAME TU CORAZÓN”. Ante este deseo de Dios puede que me sienta extraño porque para mis adentros creo que el hecho de estar aquí significa que lo he dejado todo; sin embargo, Dios me vuelve a repetir …”DAME TU CORAZÓN “. Entonces me percato por dónde va la pregunta del Señor. Comienzo a darme cuenta que donde están mis tesoros está mi corazón. Al ver mi vida veo que aún conservo muchos tesoros. Me armo de valor y le hablo al Señor de todos ellos …y se los presento. –  Le digo al Señor…”aquí están mis tesoros: personas concretas, lugares, mi propia tierra; ocupaciones…cosas…experiencias vividas en el pasado, mis esperanzas, mis sueños de futuro..” .  Me pregunto:  ¿Cómo es que le voy a dar al Señor mis tesoros?. Qué siento mientras ya me doy cuenta que el Señor me está pidiendo que se lo entregue todo a Él…Hago silencio y me dirijo cada uno de mis tesoros, pero antes, hago memoria de todo lo rezado hasta ahora…; luego, me doy cuenta que mientras mi corazón descanse en tesoros pasados, estaré fosilizado y muerto, pues la vida está en el presente mirando al futuro. 

Me desprendo de mi pasado: Así, pues, me dispongo a desprenderme de cada uno de mis tesoros del pasado; me despido de mis dorados ayeres…y cada uno de ellos les explico que, aunque le estoy muy agradecido por haber entrado en mi vida y por haberme dado tanto, ahora debe de salir de ella (de mi vida pasada)…de lo contrario, mi corazón no aprenderá jamás a amar el presente. 

Me desprendo de mi futuro:  Pero, mi corazón también está en el futuro: sus angustias y temores por lo que habrá de ser mañana consumen mucha de la energía que necesito para vivir plenamente el hoy.  Sé que tengo que vivir el presente, también sé que es bueno soñar con el futuro, pero no puedo vivir atado a los miedos e inseguridades de lo que va a venir. 

Hago un lista de esos temores…y a cada uno de ellos le digo: “Hágase la voluntad de Dios”Observo qué efecto produce en mí, sabiendo que en el fondo de mi alma que Dios sólo quiere mi bien.

Me doy cuenta que también tengo mi corazón puesto en mis sueños, en mis ideales, esperanzas…me hacen vivir una ficción futura. A todos ellos les digo, “que él disponga de ustedes como crea conveniente”.

Tras haber recuperado la parte de mi corazón atrapada en el pasado y en el futuro, examino mis temores presentes:

A cada una de las personas amadas les digo con ternura: “Eres muy querida para mí, pero, no eres mi vida. Tengo una vida que vivir, un designio que buscar, que es distinto de ti”…

Y les digo a los lugares…y a las cosas a las que me siento atado: “Les quiero mucho, pero no son mi vida. Mi vida y mi destino son distintos de ti” 

Al final, me quedo sólo ante el Señor. A él le entrego mi corazón, diciendo:

“Tú, Señor, eres mi vida. Tú eres mi destino. Tú eres todo para mí”.

                                                                   Tony de Mello S.J.

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