Formación: discernimiento

Discernimiento y crecimiento espiritual

Elementos Antropológicos y Teológicos en el Discernimiento

Elementos Antropológicos y Teológicos en el Discernimiento.

Una pequeña aproximación para entender, comprender y asimilar los elementos antropológicos y teológicos en el tema del discernimiento.  Para este fin estoy utilizando el material que se nos proporcionó en el taller internacional de acompañamiento en ejercicios espirituales realizado entre junio y julio del 2018 en los Teques Venezuela.

El Discernimiento como “ejercicio espiritual” se ubica en el “proceso dinámico de realización y desarrollo de la personalidad creyente”. El discernimiento cristiano tiene como base un concepto antropo-teológico distintivo de persona: “ser relacional – referencial y trascendente”. Desde esta concepción de persona, decimos:

1º) La Persona es “ser generador de comunicación y a la vez necesitado de esa misma comunicación”. Dimensión dialogal que posibilita el “encuentro con”, y la “respuesta a”. La persona es un ser de la escucha, del habla, de la palabra y del diálogo.

2º) La persona es “ser finito”. En ella no se agota la realidad ni la vida. La persona descubre que la realidad y en particular ciertas realidades distintas de sí misma, la sobrepasan.

3º.- La Persona es “ser creatural”. Que la caracteriza en respectividad a otras personas y a Dios. Una respectividad que está hondamente marcada por la fascinación del ágape (comida donada), no sólo en el “encuentro con otros u otro”, sino en el encuentro consigo misma”. Una respectividad que está signada por el modo de procede de Jesucristo, en el caso de los cristianos, y signada sólo de trascendencia, en el caso de los nos cristianos y aún de los no creyentes.

4º.- La persona es ser que crea acontecimiento”. Donde quiera que esté, el hombre y la mujer crean situaciones, crean hechos, ya sean de vida o de muerte. Unos hechos que traspasan las barreras del yo individual. Desde la respectividad que caracteriza al ser humano, cooperamos de algún modo a la edificación del mundo.

En el discernimiento auténtico convergen Dios y el Hombre. Esta convergencia sucede en virtud: 1º) Del mismo Dios, que nos ha creado desde Él, como el resultado de su Palabra más acabada; y 2º) de la misma persona, que sólo encuentra en Dios la excelencia de su interlocución.

El discernimiento es el mecanismo con el que alcanza la mayor madurez y realización la interlocución entre Dios y la Persona. Porque el hombre se descubre ante el mundo, como un buscador perenne de realización. Más aún, si se es creyente, la persona ha de buscar y encontrar su “quehacer” en el mundo. Y esa RES-PUESTA pasa por oír y ver (audición y visión), es decir, nos topamos con los signos y señales con los que empezamos a dar los pasos para la búsqueda y el encuentro. Claro que habrá que depurar para no caer en auto-engaño y tendremos que ir logrando pequeñas certezas, puesto que en las decisiones que tomemos nos jugamos la vida. Si la experiencia del discernimiento toca fondo en la persona, topándose con lo mejor de cada cual (al menos en el caso de los creyentes, por no decir todo humano, aunque así lo creo), el discernimiento descubrirá una doble novedad:

1ª) Develará a un Dios que ha tomado primero la iniciativa en esta tarea en la que está empeñada la persona y/o la comunidad.

2º) Se amplía el horizonte de comprensión, empezando a tener luces sobre nuestra propia vida y sobre el entorno. Empezamos a interpretar los movimientos internos. Esos movimientos internos (los míos y los de la realidad) se traducen en lenguajes, que nos dan cuenta de la diversidad de interlocuciones (DIÁLOGOS versus MONÓLOGOS) que acontecen. Y ante los que se impone una criba y ordenamiento, por el hecho de ser personas en contexto.

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