Formación: discernimiento

Discernimiento y crecimiento espiritual

Discernir: poner en crisis nuestro modo de proceder desde Jesús

DISCERNIR EN PONER LA VIDA EN CRISIS

Siempre que entramos en el tema del discernimiento brotan realidades que nos permiten constatar lo siguiente: si dejo a  que sea Jesús el Señor de mi vida necesariamente el decir y hacer  de Jesús llevan a  replantearme toda mi existencia  De tal manera que me dispongo para «poner en crisis» mi estilo de vida y la manera de cómo estoy ubicando delante de ella.

Puedo preguntarme si estoy en la vida desde el punto de vista del reino de Dios o la medida que ha pasado el tiempo en el modo de avanzar como cristiano, hasta que se haya mimetizado con el de Jesús. El problema radica en que hasta antes de esa «crisis» todo «me parece normal y natural». Por tanto conviene examinar mi manera de pensar, de sentir, mi afecto, mi voluntad y mi corazón. Conviene preguntarse si Dios ha entrado a esos ámbitos de nuestra existencia. Hay que pasar por un proceso de ordenación total de la vida propia, esto es una conversión de la sensibilidad al decir y hacer de Jesús.

Hay que desconfiar de las conversiones «solo interiores», porque la experiencia dice que no suelen ser tales.  Porque si afirmas que el ser humano es una unidad que se exterioriza hacia fuera y se abre hacia dentro de los diversos medios del yo, difícilmente podríamos hablar de una persona convertida y la conversión no ha alcanzado a todos los ámbitos de la inteligencia, sentimientos, afecto y voluntad. En caso contrario, esos ámbitos del yo se mantuvieron entre sí una independencia en muchos casos antagónicos.

En este contexto hay que comprender que «no basta ejercitarse sólo en cosas interiores», sino que se requiere algo más: que el cuerpo se entere de las decisiones que ha tomado nuestro espíritu y colabore con ellas; El tiempo de vida, la vida, la vida, la vida, la vida, la vida, la vida y la vida. Suya ante lo que veo, oigo, huelo y toco.

La experiencia del encuentro con el Espíritu del Señor nos hace ver, como bien dados: José A. García SJ «que muchas veces nuestras concepciones espirituales pecan con frecuencia de cierto idealismo. No cuentan con la corporalidad y su poder de apoyo u oponerse a Las decisiones de nuestro espíritu. Así es como hemos llegado a pensar Que, nuestro mundo interior se convierte al Señor, ya está asegurada la conversión.! No es así! Más cierto es que, mi sensibilidad no sigue (también) al Señor, no habrá en la práctica seguimiento duradero del Señor. – Hay que enterarnos- que la sensibilidad tiene sus propias dinámicas de apropiación, no siempre coincidentes con el de Cristo; Firmes y totales en el seguimiento de Cristo.»

Llegar a asumir esta realidad implica que el discurso tendrá que dejar que el Espíritu del Señor le vaya indicando el camino; es decir, ir siguiendo el camino de la cotidianidad al Espíritu de Jesús. Que bien a lo largo del P. Nadal nos dice que Ignacio de Loyola era «Conducir con suavidad en donde no lo sabía … Poco a poco se abría el camino y lo iba a ir. Sabiamente ignorante, simplemente ha sido su corazón en Cristo». «

«Discernir es percibir el paso del Espíritu en nuestra vida. Es una experiencia de Dios con su criatura. Esta experiencia es definitivamente inefable y es difícil expresarla. ¿Qué es esto? No puedo olvidar lo que yo expreso en el día a día de Jesús está mediado por lo anterior a mí. Ahí están los que están relacionados con el vivir, morir y vivir para siempre de Él. La experiencia más personal del espíritu del Señor Jesús es siempre una experiencia «mística» y por lo tanto, últimamente inefable. »

No hay una vida en su interior sino siempre contextualizada en una cultura, supone aprender su lenguaje. La experiencia más personal del espíritu del Señor Jesús es siempre una experiencia «mística» y por lo tanto, últimamente inefable. Inefable es lo que difícilmente se puede decir con palabras, lo que difícilmente se puede decir. Cuando esta experiencia se intenta decir, no hay modo de decir, sino es en palabra y esta palabra ya no me pertenece. Se dice en lenguaje que es lo más nuestro y lo más exterior que nosotros en lo que somos lenguaje y vivimos en él.

Si lo que se «dice» es Espíritu del Señor Jesús, antes que nosotros digamos algo así que hemos dicho muchas palabras sobre Jesús. Mi decir sobre Jesús viene también mediado por lo anterior a mi. La experiencia inefable es, sin embargo, en la palabra cristiana se supone que «expongo» en un ámbito configurado por una tradición. Tradición que implica todo lo que hombres y mujeres largo de dos mil años han dicho, sentido, confesado, sufrido, gozado y celebrado a las vueltas con Jesús de Nazaret. Entonces para que mi palabra sobre el Espíritu pueda ser reconocida como tal que tiene «sonar» en el ámbito de los que se sienten afectados por el vivir, morir y vivir para siempre de Él.

Discernir, por tanto, una doble referencia: por una parte, poner en «crisis», en alguna «prueba» nuestro decir y sentir sobre Jesús para no caer en una ensoñación y en una alusión meramente subjetiva y por tanto irreconocible por la comunidad cristiana y Por otra «pleitear» (a veces un juicio) nuestro modo de estar en la vida porque el lenguaje es muchas veces tramposo y enmascarador de la realidad.

Las trampas aparecen cuando en el discernimiento estamos atentos a una sola zona de la persona, como por ejemplo «la interioridad», y otras zonas de la realidad las consideramos «normales» y «naturales», tan normales y naturales que «son así» . Son como un suelo inamovible, espeso y denso sobre el cual acontece la «experiencia espiritual». Discernir lo normal y lo natural es discernir nuestra vida cotidiana y estilos de vida. Lo normal y natural no deja de ser muchas veces una construcción ideológica interesada. Entonces el lenguaje sobre lo que es «es así» ejerce una función encubridora. Podía ser materia de confesión en muchos ambientes de vida religiosa, por ejemplo, dormirse en la oración y ser «normal y natural» acudir a comulgar en riguroso orden jerárquico de prestigio «

La doble referencia en el discernimiento se entiende como estar en tanto que «Christus traditus», el Cristo que se entrega y que no se ha inventado en cada momento y en tanto que nuestros modos de estar en la vida.

 DISCERNIR EL ESPÍRITU DE JESÚS 

Antes de orientar en el discernimiento es necesario recorrer el camino para no precipitar en el hablar fácilmente del Espíritu de Jesús. Si es el de Jesús tenemos que ser pacientes y reconstruir el camino que llevo a Jesús a «entregarnos su Espíritu».

Jesús de Nazaret es el confesado de las iglesias cristianas como Ungido de Dios, el Cristo de Dios. Esta es la referencia normativa del acceso a la divinidad. Para los creyentes cristianos que Dios tiene que ver con Jesús y Jesús que tiene que ver con Dios. El que se dice cristiano, aunque no es preciso decir correctamente, está refiriéndose a Jesús de Nazaret el Ungido de Dios. 

JESÚS PUSO EN CRISIS LO «NORMAL Y NATURAL» EN ISRAEL 

Jesús percibe a Dios de Israel en su cercanía, no necesita pasar por las instituciones que se cosifican como Dios como legitimador de un orden (ley) y el regulador de los mecanismos de expiación de la culpa que provoca la infracción de dicho orden perdonando o anatematizando (templo ). Jesús percibe al Dios de los padres de Israel como Padre y Creador. Esta es la razón por la cual no se habla de una alteración radical con el Dios del pueblo, porque Jesús es el Padre «del cielo». 

La relación de Jesús con Dios en el contexto del judaísmo del siglo es la negación de las mediaciones institucionales de la ley y el templo. Esta relación no implica la manipulación de la Divinidad ni la pérdida de identidad propia. Jesús no queda fusionado y absorbido por la divinidad, sino que se encuentra en su consistencia y la criatura en Ella. La inmediatez se entiende en qué cambia radicalmente las mediaciones de acceso a Dios, y no hay instancias exteriores a las criaturas.

Al convertir las criaturas en mediación y ser criaturas «de Dios» la mediación termina en ellas. No hay equivalencia e intercambios entre mediación ley-templo y la mediación criatura. La criatura ya no es una alternativa de mediación a la ley y al templo. No se cambia la criatura por la ley y el templo, se cosificaría en la criatura para convertirla en un «pretexto» para estar en un bien con Dios, sino en la criatura se convierte en fin: «a mi lo hiciste». El intercambio seria aterrador: las criaturas de Dios convertidas en la moneda de cambio para la salvación de los que siempre tienen que acumular «méritos» ante un dios que no es gratis sino el «gran mercader», el «gran contable» legitimador de tanto destrozo histórico pasado y presente 

La mediación siempre es interesante y se lleva a cabo. La «riqueza» espiritual siempre ha sido entendido de contabilidad. Gracias a ti Juan de la Cruz que nos enseña en la «noche oscura» una sospecha de la riqueza espiritual. 

Este es el lugar de las criaturas como el lugar, que no es el medio, el principio de la lectura de Dios, que se supone en Jesús que nunca se utiliza en su propio estado. Nunca cura y alivia para tener seguidores, no fomenta clientelismo, su itinerario es pura instalación, no hay reinos según el orden de este mundo que oprimen y pisan. Al pasar en la percepción de las criaturas de un medio en el lugar, el acceso por el espacio y el tiempo, por los modos de estar en la vida. 

Esta situación se reflejó como «Abba» termina en la cruz. La ejecución de Jesús en la cruz es la histórica de su modo de vivir. Al anular las mediaciones opresoras para la inmensa mayoría de los hijos y las hijas de Israel, en el sentido de lo que se refiere a lo que es, sin embargo, no es posible. «Siendo hombre se ha hecho dios» y debe morir.

Jesús ha sub-vertido el orden, lo normal y lo natural querido por los dioses ha sido des-velado como operador y estigmatizador para la inmensa mayoría de las criaturas de Israel. Al igual que en las criaturas como causa de su propia justificación, al Buen Pastor, las ovejas, la importancia, la importancia, la búsqueda, la vida, la vida, la vida y la vida. Su puro y total despojo. La cruz es la radicalización de una percepción de Dios que no exige nada ni mediadores interesados. El abandono de los suyos es la de un seguimiento que no ha dado los beneficios ni los primeros puestos en el reino, ni tan siquiera la posibilidad de administrar las nuevas mediaciones alternativas que esperan a Jesús con un hacedor de milagros.

Bibliografía:

1.- Discernimiento y vida Cotidiana de Tony Catalá (Ponencia en una clase de Cristología en el ISI, Brasil Belo Horizonte.)

2.- García, José SI;  Ventanas que dan a Dios , Sal Terrae, Santander, 2011 p 241

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One Comment

  1. Hola, soy Jorge Ochoa, SJ, de la CLACIES, ¿podrían por favor enviarme el correo del P. Quique? Deseo pedirle el artículo completo para su publicación en los artículos mensuales de la CLACIES y CPAL. Un abrazo!
    j8asj

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