Formación: discernimiento

Discernimiento y crecimiento espiritual

Elementos bíblicos teológicos del discernimiento

Una pequeña aproximación para entender, comprender y asimilar los elementos bíblicos  y teológicos del discernimiento.  Los contenidos de este tema fueron proporcionados  en el taller internacional de acompañamiento en ejercicios espirituales realizado entre junio y julio del 2018 en los Teques Venezuela.

EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL y DISCERNIMIENTO

II.2.- Elementos Bíblico-teológicos del Discernimiento.

1) Lo Paradigmático. (Respuesta a la Novedad de Cristo por la Acción del Espíritu)[1].

El punto de partida cristiano del discernimiento, es la realización personal como hombre o mujer de fe. Una persona que no se entiende sino en el marco del grupo humano. El cristiano, a riesgo de no serlo, se concibe a sí mismo una persona “desde sí” y “con otros” en medio de una sociedad, en la que vive la responsabilidad tanto personal como colectivamente. Responsabilidad que no sólo significa compromisos éticos, sino la configuración de su talante de “respondedor”; “res-pondere”; “puesto en la cosa – vuelto a la cosa”. En este “puesto en la cosa” o “vuelto a la cosa”, se dibuja o desdibuja la personalidad, “tanto cuanto” realice ese talante de “res-puesta”. Que Jesucristo sea el paradigma de la fe cristiana, fija no sólo los términos (hasta donde) de la realización de la vida creyente, sino que abre un abanico de posibilidades (el más) de tal realización. Tanto el “término” (punto de llegada), como “el más” (despliegue) de las posibilidades, que se abren desde el paradigma de la fe, requiere ineludiblemente, del ejercicio de “buscar y hallar” un peculiar “modo y orden”, que posibilite la adecuación entre FE y VIDA, que por un lado, “haga justicia a la novedad del Señor de la FE: Jesucristo; y por el otro, haga justicia a la Alteridad de la Persona”.

La necesidad de búsqueda y encuentro de la Voluntad Divina, acontece en “razón del vuelco histórico, libremente realizado por Dios en Cristo y solamente identificable por la mirada de la fe”, donde el camino (el imaginario) de la realización creyente ya no está limitado a una cultura y ni edades, sino que puede acontecer desde diversas ubicaciones socio-históricas en las que esté ubicada la persona.

Interrogar por el hacia dónde, del movimiento de la vida y de nuestra vida particular, para que las decisiones resulten fecundas y válidas, desde el flujo y reflujo de Dios, hace que la persona recupere su pleno sentido. Entonces, preguntarnos ¿qué y cómo, debemos hacer?, nos pondrá en la encrucijada de la experiencia de fe.

Cristo, paradigma, no sólo despliega un abanico de posibilidades totalmente inédito, para situarnos adecuada y fecundamente en la vida. También y sobre todo, por la fuerza del Espíritu Santo, habilita a cada persona (desde dentro), para vivir creativamente esta participación. Más aún, el Espíritu, en razón de la novedad de Cristo, requiere la creación de nuevos criterios de identificación y ponderación de la mayor consonancia con la Voluntad Divina, que respondan lo mejor posible a cada momento histórico de la impronta salvífica que realiza el mismo Espíritu. Digámoslo con palabras más sencillas: Mi discernimiento es mi discernimiento en cada situación y en cada momento histórico concreto y no hay forma de que tal experiencia esté refrita o vivida por otros. En esta tierra nadie repite nada fundamental, todo lo vive como inédito.

2) Líneas Maestras del Discernimiento en el Nuevo Testamento[2].

1ª. Clave Mateana (en Mateo). El Discernimiento es el indicador de la autenticidad del camino de una comunidad cristiana. Los frutos que resultan del camino de fe se apartan de la identificación con la raza y de tradición (la fuerza de la ley), ni siquiera están sujetos al orden estructural y cultual de la sociedad o comunidad (7,15-23). El criterio de validación del seguimiento será “el amor activo y consecuente a los pequeños” (25,31-46), como signo elocuente y como consecuencia de la praxis de Iglesia.

2ª. Clave Paulina (en S. Pablo). La experiencia cristiana ya sea educacional (catequesis), mística (lenguas, éxtasis) o ministerial (predicación, cuidado de los otros), se realiza en la tensión Cristo-Espíritu: 1º) Toda vivencia ha de enmarcarse en la memoria (anánnesis) del Señor de la Historia; y 2º) toda acción ha de contar con una fuerza vital (epíclica). En esta doble relación de fuerzas “memoria-espíritu” que orientan, tanto a la acción como a la inspiración, la clave de veracidad se centra en el “amor que edifica la comunidad”.

3º. Clave Joánica. (en Juan). En este evangelista la manifestación del espíritu es diversa. Es más, hay diversos espíritus y ante ellos se impone un discernimiento para cribar y elegir. Por ello, el amor sin más, como clave de veracidad también podría resultar engañosa, al no ser un amor concreto. Es decir, que este amor toque a la humanidad, la del Crucificado y en Él, toque a la humanidad del otro, es lo que verifica que no haya un amor de las ideas, ni desde las delicias del “pneuma” humano (desde lo sabrosón), sino desde el tú a tú. “Amor que da vida al prójimo” es la clave del discernimiento en Juan.

En el siguiente tema veremos las condiciones pertinentes para el discernimiento

 

[1] Cfer. TORNOS Andrés, “Fundamentos Bíblicos-teológicos del discernimiento, en MANRESA, Vol. 60, 1998,  Pág. 319- 329

[2] Cfer. PIKAZA Javier, “El discernimiento de Espíritus en el Nuevo Testamento” en Vida Religiosa 38, 1975 Pág. 259-270

 

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