DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL

Discernimiento Espiritual

La expresión “discernimiento” viene de “discernere”: acción de distinguir, etc[1]. Esta expresión está compuesta por: el prefijodisy la raízcernir, “cerno”.

El prefijo “dis” significa: diversos, abundante, variedad. Y la raíz “cernir, “cerno”, significa: cribar, tamizar, limpiar, o percibir bien, distinguir bien mediante los sentidos, conocer, comprender, penetrar, apreciar. De ahí que discernimiento implique elegir, escoger o decidir entre diversas alternativas.

El discernimiento es como el OLFATO FINO que permite distinguir lo que es conveniente cambiar de lo que es necesario mantener o profundizar[2]. A ese olfato, o mejor dicho, a esta capacidad de conocer las sutilezas de los componentes de la vida, es a lo que Ignacio de Loyola llama Discernimiento Espiritual.

El discernimiento ayuda a alcanzar la madurez humana y la madurez espiritual. La persona va creciendo y haciéndose cada vez más y mejor persona en la medida que entra en relación sana y madura consigo mismo, con las demás personas y con las cosas. Sobre la base de esta madurez es que podemos hablar de discernimiento.

Bien entendido, el discernimiento espiritual es un diálogo de deseos: los deseos que tiene cada persona (según la realidad en la que se halle) con los deseos de Dios. Se trata de los deseos profundos: los que dicen quién es cada uno en lo más íntimo. Ese diálogo de deseos se da para producir algo nuevo, algo que brota del corazón de Dios y del propio corazón de cada persona, y tendrá que ver siempre con el gran anhelo de la vida[3] y con el gran anhelo de sentirnos junto a Dios[4].

El discernimiento espiritual es un diálogo de deseos: los deseos que tiene cada persona (según la realidad en la que se halle) con los deseos de Dios. Se trata de los deseos profundos: los que dicen quién es cada uno en lo más íntimo. Este diálogo de deseos se da para producir algo nuevo, algo que brota del corazón de cada persona.

Discernir exige que cada uno escudriñe dentro, en lo más profundo de sí mismo, aquellos anhelos que se tienen guardados y cotejar­los con los deseos de Dios, para seguir caminando por la vida en una tónica de camino permanente, de apertura permanente y de búsqueda permanente.

A medida que se va creciendo en el encuentro con Dios, el discernimiento va alcanzando mayor profundidad. Puede que caigamos en la tentación de usar el discernimiento como si fuera una herramienta perfecta para tomar decisiones. Así, el discernimiento quedaría reducido a fórmulas que nada tienen que ver con la experiencia de fe.

Es cierto que habrá momentos en los que haya que decidir algo puntual o hacer una elección concreta, y tam­bién para ello hay que usar el discernimiento. Pero el dis­cernimiento como tal no se agota en una elección específica[5], porque el discernimiento es el olfato fino que nos ayuda a conducirnos en nuestra cotidianidad.

El discernimiento espiritual cristiano se sustenta sobre dos pilares inseparables: uno el influjo de las mociones[6] (movimientos, impulsos), que influyen en el psiquismo humano. Y el otro, la figura histórica de la vida de Cristo[7] y su modo de actuación que conocemos a través de los Evangelios.

CONDICIONES PARA EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL CRISTIANO

Para que haya discernimiento espiritual hay que trabajar dos condiciones indispensables: 1ª) la “libertad de los afectos desordenados” o “libertad interior”, y ello supone tanto la abnegación del amor propio y condicionamiento previo, como la relativización del propio juicio. 2ª) La otra condición es la “rectitud de intención”. A estas dos condiciones o principios se les pueden llamar, «sinceridad y verdad», que a su vez son indispensables para la escucha del Espíritu.

El discernimiento de espíritus tiene una función clarificadora en torno a los tres aspectos siguientes:

1ª) La objetivación del origen de las mociones: ¿qué me mueve y hacia dónde me conduce?

2ª) La elección del mejor modo de comportarse frente a lo que provocan estas mociones: ¿cuál actitud o comportamiento elijo?

3ª) El equilibrio para atemperar los extremos hacia los que puede inclinarse la persona: “ni alzarse ni hundirse”.

Por este motivo, al discernimiento sólo se le puede pedir:

1º) Que ayude a consolidar mi libertad;

2º) Que dé pistas para captar hacia qué estado de vida me inclino (soltero, casado, consagrado); y

3º) Que arroje luz para percibir la situación espiritual en la que me encuentro.

Hay que afirmar que “el discernimiento es una experiencia personal”. Se refiere solamente a la determinación de las líneas maestras de la actitud y proceder en la vida que cada persona va construyendo dentro de sí misma, desde su interioridad. Y en este sentido, el discernimiento es el ejercicio de la libertad.

Ahora bien, dada la tendencia inconsciente (en principio natural y buena) del psiquismo humano a “instalarse” en seguridades que terminan por convertirse en auténticas ataduras, el discernimiento implicará:

  1. a) Capacidad de escucha, apertura, búsqueda, relación y encuentro con los demás. La convicción de que no me lo sé todo, de que mi juicio y opiniones no son siempre los mejores, ni los más correctos.
  2. b) Conocimiento y dominio de los propios condicionamientos afectivos o ideológicos, ansias de poder, controlar, poseer, figurar. Hacerse consciente de los propios prejuicios que desenfocan, distraen. Darse cuenta de que se es muy sensible a ciertos valores y ciego ante otros; inclinado a ciertas prácticas sociales y no a otras; con determinados intereses que se defienden, pero que no son tan buenos como se cree; muy atento a cómo pueden reaccionar determinados interlocutores y sordo a lo que opinan otros. A todas estas dinámicas se les conoce como “afectos desordenados”.
  3. c) Capacidad de cambio. La libertad para asumir riesgos y prontitud para responder sin que la prudencia anule la valentía que inspira el Espíritu. Capacidad para afrontar situaciones de forma novedosa y creativa, para abandonar estrategias que ya no sirven y optar por nuevas ideas. Todo esto tiene que ver con la libertad, la generosidad y la disponibilidad que la persona tenga o vaya adquiriendo en la vida[8].

Con el discernimiento, la persona puede buscar y hallar lo que más le conduce a su realización humano-espiritual. Puede alcanzar mayores niveles de libertad y generosidad. Y puede lograr mayor capacidad de respuesta a los retos que le plantea la vida.

La finalidad del discernimiento espiritual es aprender a vivir con alegría, fraternos, solidarios, eficaces, servidores. San Ignacio diría que el discernimiento es la base para que la persona viva y se desarrolle guiada por la “ley interna de la Caridad” (ley del Amor). Una norma interior que nos enseña a conducirnos de la mejor manera posible, en el aquí y ahora de las circunstancias concretas de la vida, como persona, como miembro de una familia, como consagrado, como ciudadano.

Si me falta discernimiento, comienzo a desquiciarme, me invento un mundo y creo en él, llamo bien al mal y al mal bien, idolatro las cosas y a las personas, espanto la alegría, desaparece la esperanza, muere la vida.

[1] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, “Diccionario de la Lengua Española, Madrid, 2001.

[2] ARTURO SOSA. El Liderazgo Social y Ciudadano (28 Septiembre de 2006).

[3] CARLOS CABARRÚS, “La danza de los íntimos deseos”, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2006. Segunda Parte.

[4] SANTIAGO ARZUBIALDE. “Discernimiento – Unción del Espíritu y Discretio”. En Manresa vol 70 (1998), pág 231-267.

[5] CARLOS CABARRÚS.

[6] Mociones: son los movimientos internos que se producen en la persona bajo el influjo de sentimientos, razonamientos y afectos. Son las pistas que ayudan a conducirse en la vida, a configurar y recrear el camino de crecimiento humano-espiritual.

[7] SANTIAGO ARZUBIALDE.

[8] Idem.