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Creer para qué?

Por qué se deja de creer en Dioos

A pesar de que la experiencia mística es antiviolenta por naturaleza, se dan manifestaciones religiosas violentas. Sin embargo la violencia no se debe a las religiones sino al propio ser humano: por autodefensa y supervivencia pero también por la pretensión de universalidad de la razón humana.

El teólogo José I. González Faus se si la experiencia mística es intrínsecamente antiviolenta, ¿cómo entonces las religiones han sido tantas veces violentas? A lo que en primer lugar responde que la violencia no es propia de la experiencia creyente sino que es más bien intrínseca al ser humano. Y lo es no sólo por la necesidad de autodefensa y de supervivencia en entornos tantas veces brutales sino, sobre todo, por nuestra dimensión racional y la pretensión de universalidad que es intrínseca a la razón (pese a que la razón actuando limpiamente puede percibir la maldad de la violencia). La mayoría de las violencias impuestas por unos hombres a otros sólo pretendían, en teoría, hacerles «entrar en razón» o «aceptar la verdad».

A partir de aquí este teólogo analiza la dinámica violenta propia del ser humano en relación a la religión (contrariando la experiencia mística) o de cualquier otra cosmovisión global, para imponerse por la fuerza.

En el caso de la religión, González Faus afirma que este deseo de verdad absoluta se ve reforzado por la pretensión de que además sea la verdad misma de Dios.

Sin embargo después choca con la diversidad de los seres humanos y por lo tanto de sus razonamientos. Y los hombres encuentran entonces una excelente excusa inconsciente para dar rienda suelta a su violencia con la excusa de “defender a Dios” o “defender a la razón, o la ciencia o la verdad”.

En el caso de la religión, ese proceso llevará implícita una contradicción flagrante con la experiencia mística: «nada de coacción en la religión. El camino verdadero ha quedado patente respecto del error» dice el Corán (2,256).

Y cita el Corán porque, entre nosotros, es el islam quien tiene más fama de violento. Pero se trata de una enseñanza común a todas las religiones.

En el caso de la increencia se da también una contradicción entre una actitud inicial que apela a la tolerancia como virtud propia y mil formas de violencias posteriores que aparecen en quienes así pensaban. González Faus argumentará que nuestra necesidad de reconocimiento es tan grande que inconscientemente tendemos a vivir la diversidad o la negación de lo que pensamos como una agresión a nuestra necesidad de seguridad. Sobre todo si esa disensión procede de personas o entidades autorizadas.

Y concluye con la siguiente afirmación:

«El resultado es que todas las religiones tienen una “historia criminal” por más que muchos creyentes de buena voluntad se sorprenderán al leer esto o se resistirán a aceptarlo. Pero también los ateísmos (aun siendo más recientes y más modernos) tienen una notable historia criminal, por más que muchos increyentes honestos se sorprenderán al leer esto y se resistirán a aceptarlo». 

Fuente: González Faus, José Ignacio. Unicidad de Dios, pluralidad de místicas. Cuadernos Cristianisme i Justícia, 180, p. 25-26.

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