DISCERNIMIENTOFORMACIÓN

Condiciones para que haya discernimiento espiritual

Seminario: "Siguiendo al Espíritu del Señor" Centro Loyola -Arequipa

CONDICIONES PARA EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL CRISTIANO

 

Complementación para los que asisten al seminario

Para que haya discernimiento espiritual hay que trabajar dos condiciones indispensables: 1ª) la “libertad de los afectos desordenados” o “libertad interior”, y ello supone tanto la abnegación del amor propio y condicionamiento previo, como la relativización del propio juicio. 2ª) La otra condición es la “rectitud de intención”. A estas dos condiciones o principios se les pueden llamar, «sinceridad y verdad», que a su vez son indispensables para la escucha del Espíritu.

El discernimiento de espíritus tiene una función clarificadora en torno a los tres aspectos siguientes:

1ª) La objetivación del origen de las mociones: ¿qué me mueve y hacia dónde me conduce?

2ª) La elección del mejor modo de comportarse frente a lo que provocan estas mociones: ¿cuál actitud o comportamiento elijo?

3ª) El equilibrio para atemperar los extremos hacia los que puede inclinarse la persona: “ni alzarse ni hundirse”.

Por este motivo, al discernimiento sólo se le puede pedir:

1º) Que ayude a consolidar mi libertad;

2º) Que dé pistas para captar hacia qué estado de vida me inclino (soltero, casado, consagrado); y

3º) Que arroje luz para percibir la situación espiritual en la que me encuentro.

Hay que afirmar que “el discernimiento es una experiencia personal”. Se refiere solamente a la determinación de las líneas maestras de la actitud y proceder en la vida que cada persona va construyendo dentro de sí misma, desde su interioridad. Y en este sentido, el discernimiento es el ejercicio de la libertad.

Ahora bien, dada la tendencia inconsciente (en principio natural y buena) del psiquismo humano a “instalarse” en seguridades que terminan por convertirse en auténticas ataduras, el discernimiento implicará:

  1. a) Capacidad de escucha, apertura, búsqueda, relación y encuentro con los demás. La convicción de que no me lo sé todo, de que mi juicio y opiniones no son siempre los mejores, ni los más correctos.
  2. b) Conocimiento y dominio de los propios condicionamientos afectivos o ideológicos, ansias de poder, controlar, poseer, figurar. Hacerse consciente de los propios prejuicios que desenfocan, distraen. Darse cuenta de que se es muy sensible a ciertos valores y ciego ante otros; inclinado a ciertas prácticas sociales y no a otras; con determinados intereses que se defienden, pero que no son tan buenos como se cree; muy atento a cómo pueden reaccionar determinados interlocutores y sordo a lo que opinan otros. A todas estas dinámicas se les conoce como “afectos desordenados”.
  3. c) Capacidad de cambio. La libertad para asumir riesgos y prontitud para responder sin que la prudencia anule la valentía que inspira el Espíritu. Capacidad para afrontar situaciones de forma novedosa y creativa, para abandonar estrategias que ya no sirven y optar por nuevas ideas. Todo esto tiene que ver con la libertad, la generosidad y la disponibilidad que la persona tenga o vaya adquiriendo en la vida[1].

Con el discernimiento, la persona puede buscar y hallar lo que más le conduce a su realización humano-espiritual. Puede alcanzar mayores niveles de libertad y generosidad. Y puede lograr mayor capacidad de respuesta a los retos que le plantea la vida.

La finalidad del discernimiento espiritual es aprender a vivir con alegría, fraternos, solidarios, eficaces, servidores. San Ignacio diría que el discernimiento es la base para que la persona viva y se desarrolle guiada por la “ley interna de la Caridad” (ley del Amor). Una norma interior que nos enseña a conducirnos de la mejor manera posible, en el aquí y ahora de las circunstancias concretas de la vida, como persona, como miembro de una familia, como consagrado, como ciudadano.

Si me falta discernimiento, comienzo a desquiciarme, me invento un mundo y creo en él, llamo bien al mal y al mal bien, idolatro las cosas y a las personas, espanto la alegría, desaparece la esperanza, muere la vida.

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