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Comentarios al Evangelio del 24 Nov 2018

XXXIV domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B) Jn. 18, 33-37

XXXIV domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B) Jn. 18, 33-37

Jesús Rey.- «El Año Litúrgico se cierra con esta gran fiesta: Jesucristo, Rey del Universo. Es una fiesta puesta al final del largo camino del año. Es el último domingo del año litúrgico. Y esto ya va indicando algo del sentido que tiene esta fiesta y que tiene este título de Jesús Rey del Universo. Y para orientarnos en la interpretación de este nombre tan especial de Jesús, la Iglesia nos pone como lectura para que meditemos, este párrafo del Evangelio de San Juan.»

«La fiesta de Cristo Rey es la celebración del Señorío de todo lo bueno que Dios ha querido para la humanidad. La imagen de Jesús como Rey es paradójica, porque no se basa en el poder, prestigio o la riqueza, sino en el servicio, la sencillez y la autenticidad.»

«Según San Juan, Jesús demuestra ante Pilato esa autoridad que causaba tanta admiración a sus contemporáneos y que sólo de Dios le ponía venir. No responde directamente a las cuestiones que el gobernador romano le presenta, sino que expone el sentido de su autoridad real: su realeza no es como la de los emperadores romanos, de contenido simplemente político; ni la que esperaban los judíos, centrada en la soberanía de Israel sobre sus enemigos. »

«Por eso Jesús habla con autoridad, pero sin falsos autoritarismos. Habla con sinceridad, pero sin dogmatismos. No habla como los fanáticos, que tratan de imponer su verdad. Tampoco como los funcionarios, que la defienden por obligación, aunque no crean en ella. No se siente nunca guardián de la verdad, sino testigo. »

«Jesús no convierte la verdad de Dios en propaganda. No la utiliza en provecho propio, sino en defensa de los pobres. No tolera la mentira o el encubrimiento de las injusticias. No soporta las manipulaciones. Jesús se convierte así en «voz de los sin voz, y voz contra los que tienen demasiada voz» (Jon Sobrino). »

«Jesús ignora la venganza contra los pecadores y los gentiles, rechaza la división justos-pecadores porque todos son pecadores y pueden ser objeto de la misericordia de Dios (Lc 13,1-5; cf. 10,13 par; 11,29-32 par). La salvación es ofrecida a todos (Mt 8,11 par; Mt 5,43s par), la bondad de Dios irrumpe (Mc 10,18 par; Mt 7,9-11 par) y se extiende a todos, especialmente a los pobres (Lc 6,20s; 15; Mt 20,1-15).»

«Jesús hizo presente esa bondad de Dios mediante su vida en favor de los demás (Lc 6,20 par; Mt 11,5 par; 25,31-45). La solicitud perdonadora de Dios para con los perdidos, se pone de manifiesto –para escándalo de muchos– en el gesto de Jesús de sentarse a la mesa con ellos como anticipo de la alegría del reino (Mc 2,15.17; Mt 11,19; Lc 7,36-50; 15,1s; 19,1-10). Esa bondad de Dios escandaliza a los piadosos, que hacían depender el perdón y salvación de acciones humanas previas (conversión, Ley) y se creían aparte de los pecadores.»

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