Habla Señor que tu siervo escucha!

Comentario del Evangelio del III domingo de cuaresma

La higuera seca

LA PARÁBOLA DE LA HIGUERA ESTERIL

III Domingo de Cuaresma (Ciclo C) Lc 13, 1-9 / La higuera seca /

Quique Castro SJ

La liturgia nos presenta una parábola demoledora. Queramos o no pueda puede generar dos actitudes. Escucho la parábola y me doy media vuelta, o escucho la parábola y me  dejo interpretar por ella.  

Si opto por la segunda actitud no me queda otra cosa que sentir el gozo por la manera como el Señor Jesús nos cuida y no quiere que echemos a perder nuestra vida y que no echemos a perder la vida de otros con el desorden de nuestras operaciones. Por tanto,  es tiempo de cuaresma y es una gran ocasión para alegrarnos porque podemos dar muchos frutos por el bien de los demás, sobre todo por el bien de los «descartables» de este tiempo.  Por eso es bueno contemplar esta higuera infértil que se quedó seca, sin capacidad de dar fruto alguno.

 Al leer la parábola podemos preguntarnos. ¿Para qué una higuera que no da frutos; para qué una vida estéril donde la gente se cansa antes de comenzar el primer esfuerzo y en donde no hay creatividad.

Acaso queriendo estar con el corazón dividido podemos dar frutos reales, no será que no nos conviene tomar decisiones sensatas y preferimos quedarnos en lo que nos gusta y nos hace felices, pero a costa del sufrimiento del otro, del inocente? 

Para qué un cristianismo sólo desde el ejercicio teórico, que se queda bloqueado , indiferente ante los deseos de Dios en el mundo de hoy? Para que una Iglesia donde los que desean practicar su cristianismo, hablan y hablan, dan consejos de vida eterna, hablan bonito de la iglesia pero sus corazones están bien alejados de la Misericordia y de la Compasión que Dios nos pide?

Para qué ejercer el cristianismo si al salir de la Iglesia no hacemos otra cosa que hablar mal de los demás;   en donde se da rienda suelta a apetitos desenfrenados de codicia, de irrespeto a la vida.  Donde no se cumplen las promesas y se abusa de la bondad de las personas que nos estiman y creen en nosotros?  Para qué una religión que tiene el corazón duro, que condena a las personas, para qué un culto sin conversión.

Estas preguntas no son otra cosa que una denuncia de las consecuencias de vivir una vida sin sentido, infecunda, anclada sólo en el egocentrismo donde no existe ni cuenta el otro. Mucho rezo, mucha jornada pero todo se queda en mi mundo interior, sólo me esfuerzo para ganar puntos y así me voy a salvar sólo yo.

El peligro de una vida estéril es reducir la vida sólo a lo que nos parece importante: ganar mucho dinero, no tener problemas, comprar muchas cosas desmedidamente aunque me endeude y fastidie la vida de otros, especialmente de las personas que me quieren; el problema es que vivir así a la larga me va revelar una vida sin horizonte, sin proyecto, sin sentido.

El mundo de hoy ha reducido los valores sólo a los intereses personales; confundimos lo valioso con lo útil; confundimos lo bueno con los que nos apetece en este momento; se confunde la felicidad, sólo con el mero bienestar

Vivir una vida estéril es haber renunciado a vivir desde el proceso creador de Dios y así quedarnos como espectadores pasivos; es renunciar al amor creativo y a la entrega generosa.  Como es posible traer hijos al mundo y luego abandonarlos a su suerte; cómo es posible llamarme cristiano y agraciado por las empresas que tengo y me siento orgulloso pero no pago el seguro ni los impuestos y en donde exploto a mis trabajadores; cómo es posible decirle a la esposa Te amor pero le saco la vuelta; cómo es posible querer un buen trato pero doy rienda suelta para tener una relación donde se destruye la vida de una familia? Cómo es posible estar en lo de Dios y abusar de niños inocentes?

Por eso este tiempo de cuaresma es un tiempo de conversión! Si queremos que haya perseverancia en la  Iglesia en los grupos de Iglesia tiene que haber conversión

Dónde está la conversión: en pensar y sentir que ya es tiempo que haya una vida más justa y más humana; ya es tiempo de dar frutos que nos mantengan en discernimiento. Se está en discernimiento cuando hemos dejado que Dios convierta nuestro corazón y nosotros mantengamos y cuidemos esa conversión desde la perseverancia; de tal manera que esa conversión tiene carácter de urgencia; allí está la actitud de la perseverancia. Nunca vamos a perseverar si no hay conversión.

Pidamos a Dios para saber ordenar nuestra vida, para saber podar nuestras higueras porque tomamos consciencia que podemos dar mucho fruto.  El mundo de hoy requiere de higueras o de personas capaces de aliviar la vida de la gente, de ser capaces de llevar buenas noticias y ser cauce de misericordia.

Si deseas profundizar más en la reflexión puedes hacer clic a esta línea y encontrarás los comentarios del  P. Fernando Jimenez S:J. ; P. Carlos Cardó SJ. y la del P. Pagola. Te invito a leerlos no hay pierde; al contrario nos invitan también a colocarnos con devoción delante de la presencia del  Señor.

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