Habla Señor que tu siervo escucha!

Comentario al Evangelio del domingo 28 de octubre 2018

P. Gustavo Albarrán S.J.

Encuentro con Jesús   [ Marcos 10, 46-52 ]

Antes de presentar la reflexión propia de esta Semana 30 del Tiempo Ordinario, conviene hacer una breve referencia al día de Todos los Santos (1 de Nov.) y al de Todos los Difuntos (2 de Nov.).

La conmemoración de los Santos expresa la esperanza que nos habita: lo que Dios realizó en los Santos del cielo lo esperamos nosotros, confiados y arraigados en el amor. La Santidad sólo lo será Cristiana si reproducimos la actuación misericordiosa de Jesús. Lo propio del amor y de la santidad consiste en salir de sí mismo para hacer partícipes a los demás de lo que uno es y posee. Y así abrimos a la gratuidad de Dios, porque Él colma con su plenitud nuestra indigencia humana y nos coloca en situación de bienaventuranza.

La conmemoración de Todos los Difuntos nos coloca en situación de agradecimiento por las personas que nos acompañaron en esta vida. Somos de Dios. Somos de su exclusiva propiedad. Y “al morir, sólo nos quita lo que antes nos había prestado, con el solo fin de guardarlo en un lugar más inmune y seguro y para enriquecernos con unos bienes que superan nuestros deseos” (S. Luis Gonzaga). Cuando el dolor toca a nuestra puerta y no sucumbimos a la tristeza, sino que surge tenue aquella paz que sana el alma, comenzamos a vivir un amor que no puede morir, vive para siempre, porque es más fuerte que la muerte.

Sobre el Evangelio de esta Semana 30 del Tiempo Ordinario digamos que la Liturgia nos invita a profundizar en una experiencia de fe que nos permita encontrarnos real y expresamente con Jesús.

Marcos (10, 46-52) relata la situación de un ciego llamado Bartimeo que está al borde del camino. Él no ve, pero tiene unos buenos oídos que le ayudan a reconocer el paso de Jesús Nazareno en quien puede encontrar su curación. Por eso grita hasta el cansancio: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Bartimeo no ha perdido su aliento de vida. Aquel aliento que le hace pedir sin cansarse. Su petición es a la vez insistente y clamorosa, atrevida y sincera, audaz y confiada, porque cuando se tienen problemas serios, necesidades urgentes o situaciones calamitosas es cuando se pide con el corazón en la mano. La oración sale de lo profundo del alma.

Ante tal insistencia, Jesús no se hizo rogar. Pidió que llamaran a Bartimeo y entabló con él un diálogo directo, breve y misericordioso. Al momento este hombre recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino. Y es que su fe, tan probada por toda clase de prueba se había convertido ya en una luz interior que le anticipaba la visión, la confianza y la apuesta en el Señor. Por eso Jesús se atrevió a decirle: tu fe te ha salvado.

Todos tenemos algo de Bartimeo. Estamos ciegos y necesitamos poner en funcionamiento el oído o cualquier otro sentido que nos ayude a captar el paso de Dios. Pero sobre todo necesitamos la audacia-confianza para que, sin cansarnos, digamos a Jesús que lo necesitamos y que urge eliminar nuestras cegueras para volver a la vida.

Nosotros también necesitamos superar los múltiples obstáculos que distraen, malogran o impiden nuestro encuentro con el Señor. En primer lugar necesitamos acercarnos a Jesús sin miedos ni complejos, disponernos a escucharlo a través de su Palabra y, sobre todo, arriesgarnos a sentir su fuerza liberadora y sanadora, porque Él no se negará jamás a nadie.

Que nos atrevamos a caminar despiertos y atentos aún en medio de las dolencias, enfermedades y miserias de nuestras vidas para que captemos el paso sanador, reconciliador y transformador de Jesús y para que encontremos la fe que necesitamos para andar, para vivir y para amar. 

Puedo terminar la Homilía con este texto.

VOLVER A LA VIDA

Quiero sentir que mis ojos recuperan su vigor

para regresar al mundo, libre, sano y sin temor.

Quiero ojos que me lleven de regreso a la verdad,

poder andar entre la gente, captar la belleza sin par.

Quiero la intensidad de ser, de sentir y de vibrar,

aún con los sufrimientos que me impedían mirar.

Quiero regresar al mundo con sus luchas sin igual,

viviendo en el día a día sin querer volver atrás.

Con mis firmes convicciones, mis ideas y mis amores,

con mis deseos intensos, también mis logros y errores.

(Cf. Macin Roel)

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2 Comments

    1. Saludos y gracias por empezar a leernos. Es bueno saber que estamos probando nuestra radio MarAdentro. Por ahora estamos en prueba.
      Un gran abrazo.
      P.Quique SJ.

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