Habla Señor que tu siervo escucha!

Comentario al Evangelio de la semana VIII – Tiempo Ordinario

Abrirnos a la Conversión

Amigos y seguidores de RamaMarAdentro: les hago llegar la homilía del P. Carlos Cardó SJ y un material enviado por el equipo del CEP –Venezuela. Todos estos materiales son para reflexionar y orar  la octava semana del tiempo litúrgico: va del domingo 3 al sábado 8  de marzo.  Es un material que puede servir para la oración personal o comunitaria A LO LARGO DE LA SEMANA. También te enviamos un sencillo material que sirve de apoyo para la Homilía.  Además les recordamos que la Oración va en doble formato: En Power-Point para utilizarlo en el computador o con Video-Beam, y en WORD por si desea imprimirse como texto.

«Tengamos en cuenta que sería sano y bueno abrirnos a la conversión. Nuestro mundo necesita personas sanas en todo el sentido de la palabra: «en el plano personal, la mentira, la hipocresía y la vileza, terminan arruinando la propia vida y la del entorno. En el plano social e institucional, acaban con la vida de pueblos enteros, porque arruinan la moral y dignidad de grandes colectivos. Jesús se opone radicalmente a que nos afinquemos solo en los defectos, debilidades o problemáticas de los demás, porque ello empobrece el alma, hace perder objetividad, endurece la mente y vuelve inmisericorde e indolente, construyendo así circuitos diabólicos por la maldad y la perversidad.»

«Las ciencias, los saberes ayudan a profundizar y a aplicar ese mensaje de salvación a las distintas áreas de la realidad; pero la salvación no es un saber, no es ideología. La tentación de siempre es no fiarse de Dios, buscarse otros dioses más eficaces, salvarse a sí mismo. 

Otra forma de traicionar el evangelio es la de quien conoce sus valores pero, en vez de aplicárselos a sí mismo, los manipula para criticar, juzgar y condenar la conducta de los otros. La moral, entonces, en vez de salvar causa daño, porque en vez de dejarme convertir por ella, la uso para atacar al otro, para vengarme, para derramar mis celos y mis envidias, mis rencores y resentimientos. «

 

«La peor malicia es la del corazón endurecido, que no siente ni reconoce su propio mal y por eso no se hace objeto de la misericordia; no siente que la necesita. Naturalmente, tampoco tendrá misericordia de los demás. El principio de la misericordia y de las buenas acciones radica en el corazón. El corazón bueno lleva a ver las cosas buenas, el corazón malo se fija sólo en lo malo. Reconocer la propia necesidad de cambiar nuestro interior es fundamental: Crea en mí, oh Dios, un corazón nuevo (Sal 51,10).»

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