Anotaciones

LAS ANOTACIONES  EN LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

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  [1]  ANOTACIONES  PARA TOMAR ALGUNA INTELIGENCIA EN LOS EJERCICIOS ESPIRITUA­LES QUE SE SIGUEN, Y PARA AYUDARSE, ASI EL QUE LOS HA DE DAR COMO EL QUE LOS HA DE RECI­BIR.     «Y ALGUNA INTELIGENCIA» = no pretende desarrollar todo el método. «Y PARA AYUDARSE…» = van a ser un punto de referencia básico, tanto para el que da los Ejercicios como para el que los recibe, en el que, entre otras cosas, quedará delimitado el papel de uno y otro.×

 

 La primera anotación es que por este nombre, ejercicios espirituales, se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones, según que adelante se dirá. Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, por la mesma manera, todo modo de preparar y disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman ejercicios espirituales. «TODO MODO… Y DE OTRAS… OPERACIONES» = los Ejercicios no van a consistir tanto en unos «contenidos cuanto en un método. «TODO MODO DE PREPARAR Y DISPONER EL ANIMA» = la meta de los Ejercicios no va a ser algo concreto (por ejemplo unos propósitos) cuanto una preparación y disposición que me capacita. Es algo previo; no viene a solucionar ningún problema.  Si el ejercitante viene con tensión a querer encontrar una solución ya está subjetivizando y focalizando su solo problema; incapaz pues de objetivizar.×

 

 [2] La segunda es que la persona que da a otro modo y orden para meditar o contemplar debe narrar fielmente la historia de la tal contemplación o meditación, discurriendo solamente por los puntos, con breve o sumaria declaración; porque la persona que contempla, tomando el fundamento verdadero de la historia, discu­rriendo y raciocinando por sí mismo, y hallando alguna cosa que haga un poco más declarar o sentir la historia, quier por la raciocinación propia, quier sea en cuanto el entendimiento es ilucidado por la virtud divina, es de más gusto y fruto espiritual que si el que da los ejercicios hubiese mucho declarado y ampliado el sentido de la historia. Porque no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente.       «LA PERSONA QUE DA A OTRO MODO Y ORDEN…» = este será el papel del que «da» los Ejercicios (nunca dice Ignacio del «director»).  Dar modo y orden, es decir un método.  Observar que está en singular: una persona a otra persona.   «DEBE NARRAR FIELMENTE LA HISTORIA… CON BREVE O SUMARIA DECLARACION» = el contenido no es tanto algo subjetivo cuanto la narración de una historia.   «PORQUE LA PERSONA QUE CONTEMPLA, TOMANDO EL FUNDAMENTO VERDADERO DE LA HISTORIA» = sólo este «fundamento verdadero» es lo que tiene que dar (es decir, Ignacio quiere que se quede en un nivel más bien objetivo).   «DISCURRIENDO Y RACIOCINANDO POR SI MISMO… QUIER SEA EN CUANTO EL ENTENDIMIENTO ES ILUCIDADO POR LA VIRTUD DIVINA» = el que tiene que buscar («por sí mismo») y hallar («ilucidado por la virtud divina») es el que hace los Ejercicios.   La historia del individuo es una dinámica de evolución y cambio.  La historia es algo intransferible.  El sujeto viene de una situación virginal y única.    

  ╔═══════════╗ ║  HISTORIA ║ ╚═════╤═════╝ │ ┌───────────┐       ┌─────┴─────┐       ┌───────────┐ │  Pasado   │   +   │  Presente │   +   │  Futuro   │ └─────┬─────┘       └─────┬─────┘       └─────┬─────┘ │                   │                   │ ┌───────┴───────┐   ┌───────┴───────┐   ┌───────┴───────┐ │               │   │   es el que   │   │               │ │ Experiencias  │¬ ®│  lo  integra  │¬ ®│   Proyectos   │ └───────────────┘   └───────────────┘   └───────────────┘    

    «PARA QUITAR DE SI TODAS LAS AFECCIONES DESORDENADAS» = será el aspecto negativo, y por el que hay que empezar.  Las afecciones desordenadas podríamos definirlas hoy como «condicionamientos internos» dando a la palabra «desordenadas» el sentido de desintegradas, descompensadas…   Un sujeto integrado es el que tiene orden en los diversos planos: intelectual, volitivo, afectivo, social, etc.   «Y DESPUES DE QUITADAS» = va a ser muy importante en Ignacio el «antes» y el «después».  Si nos saltamos el «orden» en que él va a ir desarrollando el método destruiremos el mismo.   «PARA BUSCAR Y HALLAR LA VOLUNTAD DIVINA» = los dos verbos «buscar y hallar» tienen un claro sentido evangélico: el hallazgo de lo que se busca no es fruto de un voluntarismo, ni un logro seguro, sino una sorpresa inesperada que surge en la búsqueda apasionada.  La «voluntad divina» va a ser sinónimo de plan salvífico y liberador de Dios sobre mí.   «EN LA DISPOSICIÓN DE SU VIDA PARA LA SALUD DEL ANIMA» = ese plan salvífico de Dios (su voluntad) no va a ser algo «cósico» sino una disposición de la vida (¿una actitud?) que irá concretándose en cada momento «para la salud del ánima»: una experiencia integradora de sentido, de ralización.   «ES DE MAS GUSTO… QUE SI EL QUE DA LOS EJERCICIOS HUBIESE MUCHO DECLARADO Y AMPLIADO EL SENTIDO DE LA HISTORIA» = El sentido de la historia parece que es fruto de una búsqueda personal (¿podríamos decir el sentido de la historia para mí?), y no algo que se pueda dar (lo que sí se puede dar, según Ignacio, es el «fundamento verdadero de la historia»).   – Papel extrínseco del que los da: modo y orden. – Papel protagonista del que los recibe: es el que pone el            contenido.   «PORQUE NO EL MUCHO SABER HARTA Y SATISFACE EL ANIMA» = el «saber» es aquello que se puede abarcar y comunicar y se movería en el mundo de la cantidad, pero que «no harta y satisface al ánima», y esta satisfacción (hondura, plenitud) es la que la persona necesita.   «SINO EL SENTIR Y GUSTAR DE LAS COSAS INTERNAMENTE» = es lo que llena y dinamiza a la persona sin alienarla.  Es muy importante este acento que pone Ignacio en el «sentir y gustar» frente al mero «saber», y no cualquier «sentir y gustar», sino «internamente».  Esta va a ser una plabra clave en todos los Ejercicios.  En principio podríamos decir que expresa una experiencia en la que la persona siente que se pone en juego globalmente desde su «mera libertad y querer» [EE. 32] no desde fuera (alienación).×

 

     [3]  La tercera. Como en todos los ejercicios siguientes espirituales usamos de los actos del entendimiento discurriendo y de los de la voluntad afectando, advertamos que en los actos de la voluntad, cuando hablamos vocalmente o mentalmente con Dios nuestro Señor o con sus santos, se requiere de nuestra parte mayor reverencia que cuando usamos del entendimiento entendiendo.       Para Ignacio la fe es una relación interpersonal.  En esta anotación intenta hacer caer en la cuenta que la actitud del hombre cuando habla con otro (cuando se relacioa personalmente) es muy distinta a cuando está meramente reflexionando.  A esa actitud le llama «reverencia».  Implica por lo tanto atención, respeto, escucha, etc., y esto se traducirá, como es natural, hasta en la expresión corporal.×

 

     [4]  La cuarta.  Dado que  para los ejercicios siguientes se toman cuatro semanas, por corresponder a cuatro partes en que se dividen los ejercicios; es a saber, a la primera, que es la consideración y contemplación de los pecados; la segunda es la vida de Cristo nuestro Señor hasta el día de ramos inclusive; la tercera la pasión de Cristo nuestro Señor; la cuarta la resurrección y ascensión, poniendo tres modos de orar: tamen, no se entienda que cada semana tenga de necesidad siete o ocho días en sí. Porque como acaece que en la primera semana unos son más tardos para hallar lo que buscan, es a saber, contrición, dolor, lágrimas por sus pecados; asimismo, como unos sean más diligentes que otros, y más agitados o probados de diversos espíritus, requiérese algunas veces acortar la semana, y otras veces alargarla, y así en todas las otras semanas siguientes, buscando las cosas según la materia subyecta. Pero, poco más o menos, se acabarán en treinta días.   Aquí Ignacio avisa que el ritmo lo impone el que hace los Ejercicios, y no el que los da.  Y este ritmo depende o bien de que «unos son más tardos para hallar lo que buscan» (en definitiva ese «hallar» va a ser un don y no se puede predeterminar), o bien «como unos sean más diligentes que otros» (no idealiza la entrega del ejercitante: ésta puede ser más o menos diligente, y con eso hay que contar); o bien «más agitados o probados de diversos espíritus» (las dificultades y resistencias no pueden preveerse).   «PERO POCO MAS O MENOS SE ACABARAN EN TREINTA DIAS» = esto suponiendo que se hacen dedicándoles todo el día.×

 

     [5]  La quinta. Al que recibe los ejercicios mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene, se sirva conforme a su santísima voluntad.       Importancia de la disposición con que conviene entrar en Ejercicios.   «CON GRANDE ANIMO» = todo lo contrario a temor, pesimismo.   «Y LIBERALIDAD CON SU CRIADOR Y SEÑOR» = con generosidad.   «OFRECIENDOLE TODO SU QUERER Y LIBERTAD» = todos los Ejercicios van a girar en torno al «querer y libertad» que para Ignacio (ya lo veremos) es lo nuclear de la persona.  Sin esta disposición previa difícilmente puede darse de una manera eficaz la accion de Dios que se hará presente sólo a través de este querer y libertad. «PARA QUE SU DIVINA MAJESTAD» = sentido de trascendencia de Dios. «SE SIRVA CONFORME A SU SANTISIMA VOLUNTAD» = La voluntad de Dios es su plan salvífico (la felicidad y realización del hombre) que sólo se llevará a cabo en la medida en que el hombre, a través del «ofrecimiento» de su «querer y libertad» ponga al servicio de ese plan («se sirva») «toda su persona» y «todo lo que tiene».  Es muy importante, desde el principio, caer en la cuenta de este carácter de totalidad (es el hombre entero y todo lo que tiene lo que se pone en juego) que debe tener este encuentro del ejercitante con Dios.×

 

     [6]  La sexta. El que da los ejercicios, cuando siente que al que se ejercita no le vienen algunas mociones espirituales en su ánima, así como consolaciones o desolaciones, ni es agitado de varios espíritus, mucho le debe interrogar cerca los ejercicios, si los hace a sus tiempos destinados y cómo; asimismo de las adiciones, si con diligencia las hace, pidiendo particularmente de cada cosa destas. Habla de consolación y desolación [316-317], de adiciones [73-90].   «MOCIONES ESPIERITUALES» = movimientos interiores positivos o negativos.  Es decir, aquello que me mueve, que me impulsa en un sentido o en otro. «…NO LE VIENEN …NI ES AGITADO DE VARIOS ESPIRITUS» = Ignacio avisa al que da los Ejercicios que esté muy atento a los ecos (positivos o negativos) que en el ejercitante se deben producir si se ha puesto en juego totalmente (Cfr. anotación anterior).  Si no se producen, el que da los Ejercicios… «MUCHO LE DEBE INTERROGAR A CERCA DE LOS EJERCICIOS, SI LOS HACE A SUS TIEMPOS DESTINADOS Y COMO» = es decir, el ejercitante tiene que «objetivar» su compromiso en esta tarea que emprende.  Esta concreción será el único punto de referencia en caso de conflicto (de resistencia inconsciente) para constatar si se está evadiendo o no.   «ASIMISMO DE LAS ADICIONES…» = otro punto de referencia controlable en cuanto que es más objetivo (ya se verán las adiciones más adelante). Es importante caer en la cuenta del papel que Ignacio asigna al que da los Ejercicios.  Su intervención no es a nivel de «conciencia» sino de control del plan objetivo de dedicación al que el ejercitante se ha comprometido, que consta de unos ejercicios concretos, a unos tiempos determinados (no arbitrarios) y a un modo (el «como»). El otro aspecto importante de esta anotación está en la necesidad que ve Ignacio en que surjan en el ejercitante estas «mociones» y «agitaciones» que van a ser el material insustituible de lo que él va a llamar «discernimiento».  Podemos hacer un paralelismo entre estos fenómenos que Ignacio espera que surjan con lo que Freud va a denominar «transferencia» entre el paciente y el doctor en el tratamiento psicoanalítico.  Freud dice que este fenómeno siempre debe surgir (en la medida en que la persona se sienta implicada en el tratamiento y no como mero espectador) y consiste en la dramatización incosnciente de los conflictos que el paciente padece.  Este fenómeno puede convertirse en una pantalla que disimule el conflicto, una trampa que inconscientemente tiende el paciente al médico, o un medio (el único) a través del cual el médico debe ir consiguiendo que el enfermo se enfrente con su realidad. Ignacio descubre también el fenómeno, pero lo situa, no entre el ejercitante y el que da los Ejercicios, sino entre el ejercitante y Dios.  No olvidemos que el papel del que da los Ejercicios es tremendamente extrínseco.  Como veremos, el que hace los Ejercicios no se «entrega» en manos del que los da, sino de Dios.  Por lo tanto, ahí es donde surgirá la «transferencia» que será el material imprescindible del discernimiento.×

 

     [7]  La séptima. El que da los ejercicios, si ve al que los recibe que está deso­lado y tentado, no se haya con él duro ni desabrido, mas blando y suave, dán­do­le ánimo y fuerzas para adelante, y descubriéndole las astucias del enemi­go de natura humana, y haciéndole preparar y disponer para la consolación ventura.   Una nueva precisión del papel del que da los Ejercicios.  Debe ser un animador (nunca someter a prueba) y un desenmascarador («descubriéndole las astucias») de toda trampa que se oculta tras nuestros estados de ánimo negativos («estar desolado y tentado»).     «HACIENDOLE PREPARAR Y DISPONER…» = la consolación (ya la descubrirá más adelante Ignacio, pero fundamentalmente es un estado de ánimo positivo que me potencia) no es algo que yo puedo conseguir, sino, a lo sumo, algo a lo que me tengo que «preparar y disponer» (Cfr. anotación 1ª).[1]×

 

     [11]  La undécima. Al que toma ejercicios en la primera semana, aprovecha que no sepa cosa alguna de lo que ha de hacer en la segunda semana; mas que ansí trabaje en la primera, para alcanzar la cosa que busca, como si en la segunda ninguna buena esperase hallar.   Las anotaciones 11, 12 y 13 van a plantear desde distintos ángulos el problema de la tendencia espontánea del hombre a evadirse de la dificultad para tenerla que afrontar.   En esta anotación aplica su principio de afrontar sin evadirse al contenido de cada Semana.  Frente a nuestra posible evasión ante un tema árido como puede ser el de la Primera Semana (Pecado), depositando nuestras energías y expectativas en los temas que vendrán en las siguientes semanas, y aludiendo a que «esto es lo mío», Ignacio avisa seriamente que el ejercitante ni sepa el tema de la Segunda Semana y que «ansi trabaje en la primera… como si en la segunda semana nunguna buena esperase hallar».  Es decir, toda expectativa evasiva trasvasa atención y energía a un futuro hipotético, quedando el futuro vacío de todo interés.×

 

     [12]  La duodécima. El que da los ejercicios, al que los recibe ha de advertir mucho que, como en cada uno de los cinco ejercicios o contempla­ciones, que se harán cada día, ha de estar por una hora, así procure siempre que el ánimo quede harto en pensar que ha estado una entera hora en el ejercicio, y antes más que menos. Porque el enemigo no poco suele procurar de hacer acortar la hora de la tal contemplación, meditación o oración.   Remitir esta anotación a la 6ª («si los hace a sus tiempos destinados…») recordando que un factor principal de objetivación va a ser el tiempo que destine a los Ejercicios cada día, y objetivar y afrontar vienen a ser lo mismo.×

 

     [13]  La terdécima. Asimismo es de advertir que, como en el tiempo de la consolación es fácil y leve estar en la contemplación la hora entera, así en el tiempo de la desolación es muy difícil complirla. Por tanto, la persona que se ejercita, por hacer contra la desolación y vencer las tentaciones, debe siempre estar alguna cosa más de la hora complida; porque no sólo se avece a resistir al adversario, mas aun a derrocalle.   Aplicación del «principio de la no evasión» al caso concreto de la desolación, remitiendo a la duración temporal como único punto de referencia y signo de mi actitud de afrontamiento, estando «alguna cosa más de la hora complida» y la razón es para no quedar en la mera resistencia (¿resignación?) sino a la respuesta (única actitud en la que podrá insertarse nuestra libertad).×

 

     [14]  La cuatuordécima. El que los da, si ve al que los recibe que anda consolado y con mucho hervor, debe prevenir que no haga promesa ni voto alguno inconsiderado y precipitado; y cuanto más le conociere de ligera condición, tanto más le debe prevenir y admonir. Porque, dado que justamente puede mover uno aotro a tomar religión, en la cual se entiende hacer voto de obediencia, pobreza y castidad; y dado que la buena obra que se hace con voto es más meritoria que la que se hace sin él, mucho debe de mirar la propia condición y subyecto, y cuánta ayuda o estorbo podrá hallar en cumplir la cosa que quisiese prometer.   Aquí nos pinta Ignacio un matiz nuevo de la relación del que da los Ejercicios con el ejercitante.  Ante la situación de «mucho hervor», «debe prevenir», remitiéndolo a «la propia condición y subjeto, y cuanta ayuda o estorbo podrá hallar…».  Es decir, es un papel objetivador y realista frente al subjetivismo en que puede hallarse encerrado en su «mucho hervor».   El hervor no entrará en la descripción de la consolación [EE. 316]; por lo tanto, es posible que Ignacio se refiera aquí a un estado «maníaco»: sentido de omnipotencia infantil, presencia ilusionada, no real.  Y la ilusión es un mecanismo de defensa para no afrontar la realidad.  Ignacio avisa al que da los Ejercicios que remita al ejercitante a su capacidad real de respuesta, lo cual supone que de alguna forma lo conoce de antes («y cuanto más le conociere de ligera condición»).×

 

     [15]  La décimaquinta. El que da los ejercicios no debe mover al que los recibe más a pobreza ni a promesa que a sus contrarios, ni a un estado o modo de vivir que a otro. Porque, dado que fuera de los ejercicios lícita y meritoriamente podamos mover a todas personas, que probabiliter tengan subyecto, para eligir continencia, virginidad, religión y toda manera de perfección evangélica; tamen, en los tales ejercicios espirituales, más conveniente y mucho mejor es, buscando la divina voluntad, que el mismo Criador y Señor se comunique a la su ánima devota, abrazándola en su amor y alabanza, y disponiéndola por la vía que mejor podrá servirle adelante. De manera que el que los da no se decante ni se incline a la una parte ni a la otra; mas estando en medio, como un peso, deje inmediate obrar al Criador con la criatura, y a la criatura con su Criador y Señor.   «…NO DEBE MOVER…» = delimitación del papel del que da los Ejercicios.  Debe evitar a toda costa cualquier influjo, consejo, etc. (en el supuesto de que el ejercitante esté sereno y no en una situación muy subjetiva de signo negativo [EE. 7] o positiva [EE. 14] en la que el que da los Ejercicios debe ayudar a que la persona pueda objetivar su situación).   «…DADO QUE FUERA DE LOS EJERCICIOS LICITA Y MERITORIAMENTE PODAMOS MOVER A TODAS PERSONAS…» = con esta observación Ignacio quiere dejar claro que la relación que va a establecerse entre el que da los Ejercicios y el ejercitante es distinta de la que puede darse fuera entre un «director espiritual» y su «dirigido».  Podríamos decir que el papel del que da los Ejercicios debe ser muy extrínseco.   «TAMEN (SIN EMBARGO) EN LOS TALES EJERCICIOS MAS CONVENIENTE Y MEJOR ES… QUE EL MISMO CRIADOR Y SEÑOR SE COMUNIQUE… ABRAZANDOLA EN SU AMOR Y ALABANZA…» = algo muy importante para Ignacio va a ser que la persona se disponga a la acción inmediata de Dios.  Para ello avisa aquí muy seriamente que el que los da no se convierta en una «mediación».   «…NO SE DECANTE NI SE INCLINE…; MAS ESTANDO EN MEDIO COMO UN PESO…» = el fiel de la balanza ha de estar en el centro para que el peso sea objetivo y real (el fiel de la balanza es mero indicador).   «…DEJE  INMEDIATE OBRAR AL CRIADOR CON LA CRIATURA…» = el que los da no puede apropiarse la acción del Espíritu, ni siquiera apoyarla o mediatizarla.  Más tarde nos dirá Ignacio que la experiencia de Dios auténtica (sin sospecha) será aquella en la que no se descubre ninguna mediación [EE. 330].  Aquí por lo tanto quiere eliminar la mediación del que los da.×

 

     [16]  La décimasexta. Para lo cual, es a saber, para que el Criador y Señor obre más ciertamente en la su criatura, si por ventura la tal ánima está afectada y inclinada a una cosa desordenadamente, muy conveniente es moverse, poniendo todas sus fuerzas, para venir al contrario de lo que está mal afectada; así como si está afectada para buscar y haber un oficio o beneficio, no por el honor y gloria de Dios nuestro Señor, ni por la salud espiritual de la ánimas, mas por sus propios provechos y intereses temporales, debe afectarse al contrario, instando en oraciones y otros ejercicios espirituales, y pidiendo a Dios nuestro Señor el contrario, es a saber, que ni quiere el tal oficio o beneficio  ni otra cosa alguna, si su divina majestad, ordenando sus deseos, no le mudare su afección primera. De manera que la causa de desear o tener una cosa o otra sea sólo servicio, honra y gloria de la su divina majestad.   «PARA QUE EL SEÑOR OBRE MAS CIERTAMENTE EN SU CRIATURA» = es la gran preocupación de Ignacio, esa inmediatez en la relación de Dios con su criatura (Anotación 15).  Ignacio tiene muy claro que esa inmediatez sólo puede garantizarse en la medida en que nuestra libertad sea tal y no esté mediatizada.  Si en la anotación anterior aborda el problema de mediación externa de otra libertad ajena a la mía (la del que da los Ejercicios), aquí centra su atención a las mediaciones intrínsecas a la misma libertad: «si… está afectada y inclinada a una cosa desordenadamente».  Todo el problema está en la palabra «desordenadamente»; es decir, no ordenada según la primera parte del Principio y Fundamento, que es lo único que garantizará mi libertad y por lo tanto la inmediatez de mi relación con Dios.   «MUY CONVENIENTE ES MOVERSE PONIENDO TODAS SUS FUERZAS, PARA VENIR AL CONTRARIO DE LO QUE ESTA MAL AFECTADA» = muy interesante el verbo «moverse poniendo todas sus fuerzas»: para Ignacio el hombre nunca es un ser estático, sino un haz de energía (fuerza) en movimiento, pero que como todo movimiento tiene una dirección determinada.   «ASI COMO SI ESTA AFECTADA…» = es el ejemplo: lo que hace que la afección al «buscar y haber un oficio o beneficio» sea desordenada no es el «oficio» en sí sino lo que dinamiza esa búsqueda: «no por el honor y gloria de Dios nuestro Señor ni por la salud espiritual de las ánimas» (Cfr. Principio y Fundamento) «mas por sus propios provechos y intereses temporales».   Es decir, la dinámica no es un salir de sí de una forma gratuita, sino en buscar los «propios provechos y intereses temporales» (manipulables, que puedo poseer materialmente).  En Ignacio siempre se va a dar un doble horizonte en la dinámica del hombre (sus deseos): aquel que trasciende mi yo y todo lo alcanzable abriéndome al don y la gratuidad (sería el espiritual, «las cosas celestiales» [EE. 316]), y el que no trasciende mi yo y lo alcanzable abriéndome al mundo de mis intereses.   «DEBE AFECTARSE AL CONTRARIO, INSTANDO EN ORACIONES… (Cfr. [EE. 157]) PIDIENDO A DIOS NUESTRO SEÑOR… QUE… NI QUIERE EL TAL OFICIO… SI SU DIVINA MAJESTAD, ORDENANDO SUS DESEOS NO LE MUDARE SU AFECCION PRIMERA» = es por lo tanto un problema de reorientación de los propios deseos (que es lo que dinamiza a la persona), no la materialidad de la cosa que se busca.  Y lo aclara en el párrafo siguiente: «de manera que la causa de desear o tener una cosa… sea sólo servicio, honra y gloria de la su divina majestad».   La causa (final) de mi deseo, es decir de lo que le da sentido y lo dinamiza sólo puede tener dos vertientes: o mi propio yo (mis intereses) o trascender ese propio yo, abriéndome al servicio y la gratuidad.×

 

  [17]  La décimaséptima.  Mucho aprovecha, el que da los ejercicios,  no queriendo pedir ni saber los propios pensamientos  ni pecados del que los recibe,  ser informado fielmente de las varias agitaciones y pensamientos que los varios espíritus le traen; porque, según el mayor o menor provecho, le puede dar algunos espirituales ejercicios convenientes y conformes a la necesidad de la tal ánima así agitada.   De nuevo la delimitación de papeles:   «EL QUE DA LOS EJERCICIOS NO QUERIENDO PEDIR NI SABER LOS PROPIOS PENSAMIENTOS NI PECADOS DEL QUE LOS RECIBE» = esta anotación viene a corroborar la 15.  Si el que da los Ejercicios «entra» en la conciencia del ejercitante, automáticamente se creará una dependencia normalmente inconsciente que impedirá su papel objetivador (extrínseco).  Por eso avisa que no sólo no debe «pedir», sino ni aun saber los pecados del ejercitante.  (En el directorio autógrafo, Ignacio recomienda que el que hace los Ejercicios no se confiese con el que los da).  Este dato es muy importante para caer en la cuenta que esta relación no tiene nada que ver con la que debe darse, por ejemplo, en tratamiento psicoanalítico.   «SER INFORMADO FIELMENTE DE LAS AGITACIONES Y PENSAMIENTOS, QUE LOS VARIOS ESPIRITUS LE TRAEN» = Ignacio distingue entre los «propios pensamientos» que nacen de mi libertad, de mi decisión (donde nadie debe entrar), y los que los varios espíritus traen (que para Ignacio siempre vienen de «fuera» de «nuestra libertad y querer [EE. 32]).  Estas «agitaciones y pensamientos» («de fuera») que no tienen que ver nada con la decisión de la persona, pero que sí son unos condicionamientos interiores fuertes, deben ser conocidos para que…   «LE PUEDA DAR ALGUNOS ESPIRITUALES EJERCICIOS CONVENIENTES CONFORMES A LA NECESIDAD DE LA TAL ANIMA ASI AGITADA» = es decir, la única razón de este «ser informado fielmente» es que los ejercicios que se dan al ejercitante estén «situados» en los condicionamientos reales por los que va pasando y através de los cuales tendrá que irse abriendo paso mi libertad.  Pero caigamos en la cuenta que esta información no es para que el que da los Ejercicios procure clarificar y eliminar las «agitaciones», sino para acomodar el «modo y orden» [EE. 2] a la situación (historia) concreta del ejercitante.×

 

  [18]  La décimaoctava. Según la disposición de las personas que quieren tomar ejercicios espirituales, es a saber, según que tienen edad, letras o ingenio, se han de aplicar los tales ejercicios; porque no se den a quien es rudo, o de poca complisión, cosas que no pueda descansadamente llevar y aprove­charse con ellas. Asimismo, según que se quisieren disponer, se debe de dar a cada uno, porque más se pueda ayudar y aprovechar. Por tanto, al que se quiere ayudar para se instruir y para llegar hasta cierto grado de contentar a su ánima, se puede dar el examen particular [24-31], y después el examen general [32-43]; juntamente, por media hora a la mañana, el modo de orar sobre los mandamientos, pecados mortales, etc., [238 ss.], comendándole también la confesión de sus pecados de ocho en ocho días y, si puede, tomar el sacramento de quince en quince, y si se afecta mejor de ocho en ocho. Esta manera es más propia para personas más rudas o sin letras, declarándoles cada mandamiento, y así de los pecados mortales, preceptos de la Iglesia, cinco sentidos y obras de misericordia.  Ansimesmo, si el que da los ejercicios viere al que los recibe ser de poco subyecto o de poca capacidad natural, de quien no se espera mucho fruto, más conveniente es darle algunos destos ejercicios leves hasta que se confiese de sus pecados; y después, dándole algunos exámines de conciencia y orden de confesar más a menudo que solía, para se conservar en lo que ha ganado, no proceder adelante en materias de elección, ni en otros algunos ejercicios que están fuera de la primera semana; mayormente cuando en otros se puede hacer mayor provecho, faltando tiempo para todo.   La acomodación a las situaciones concretas por las que el ejercitante va pasando (anotación anterior) debe darse también respecto a otros condicionamientos generales de la persona, lo que Ignacio llama «según la disposición».  Se va a fijar en primer lugar en tres circunstancias: «edad»; «letras»: la formación, estudios que haya tenido; «o ingenio»: inteligencia, capacidad.  Estos tres aspectos van a determinar la receptividad real de la persona.   «PORQUE NO SE DEN A QUIEN ES RUDO O DE POCA COMPLISION (capacidad) COSAS QUE NO PUEDA DESCANSADAMENTE LLEVAR, Y APROVECHARSE CON ELLAS» = principio fundamental para este seguimiento-acompañamiento que debe darse en los Ejercicios.  Los ejercicios que la persona vaya haciendo debe llevarlos a cabo «descansadamente» para que le puedan servir de algo («aprovecharse»).   «ASIMISMO SEGUN QUE SE QUISIEREN DISPONER… PORQUE MAS SE PUEDA AYUDAR Y APROVECHAR» = si el ideal en la disposición del ejercitante la describió Ignacio en la anotación 5ª, aquí advierte que la disposición que el que da los ejercicios debe tener en cuenta es la real.  Es decir, uno se aprovecha según lo que va queriendo, pero no según unas expectativas impuestas.  Ignacio cuenta con que esa disposición real puede ser mínima, y no por eso dice que se abandone al ejercitante, sino que se acomode a él.   «ASIMISMO SI EL QUE DA LOS EJERCICIOS VIERE AL QUE LOS RECIBE SER DE POCO SUBYECTO O DE POCA CAPACIDAD NATURAL, DE QUIEN NO SE ESPERA MUCHO FRUTO, MAS CONVENIENTE ES DARLE…» = último condicionamiento: «ser de poco suyecto o de poca capacidad natural».  No se trata ni de las «letras» o el «ingenio» aludidas más arriba, sino de la riqueza personal (¿podríamos decir de la madurez?) del ejercitante.  Estos, dice Ignacio, que no deben pasar de la primera semana, aludiendo a que no proceda «adelante en materia de elección»: ¿qué posibilidad hay de que una persona infantil entre en una dinámica de elección?  Quizás hay personas que a lo más que pueden llegar es a «se conservar en lo que ha ganado».   «MAYORMENTE CUENDO EN OTROS SE PUEDE HACER MAYOR PROVECHO, FALTANDO TIEMPO PARA TODO» = no es un no atender al «no capaz» para quedarse con una élite, ya que expresamente ha detallado en que se puede aprovechar el tiempo con dichas personas, pero advierte que no se vaya más allá de lo que de hecho puede dar de sí cada persona, ya que no le va a servir para nada, «faltando tiempo para todo»: sentido práctico de Ignacio.×

 

  [19]  La décimonona. Al que estuviere embarazado en cosas públicas o negocios convenientes, quier letrado o ingenioso, tomando una hora y media para se ejercitar, platicándole para qué es el hombre criado, se le puede dar asimismo por espacio de media hora el examen particular, y después el mismo general, y modo de confesar y tomar el sacramento, haciendo tres días cada mañana por espacio de una hora la meditación del primero, segundo y tercero pecado [45-53]; después, otros tres días a la misma hora, la meditación del proceso de los pecados [55-61]; después, por otros tres días a la misma hora, haga de las penas que corresponden a los pecados [65-71]; dándole, en todas tres meditaciones, las diez adiciones [73-90]; llevando el mismo discurso por los miste­rios de Cristo nuestro Señor, que adelante y a la larga en los mismos ejercicios se declara.   Ignacio no excluye de la experiencia de los Ejercicios a aquellos que no pueden dejar sus ocupaciones.  Lo que sí parece es que determina el ritmo y concreta el tiempo que de hecho va a dedicar.×

 

  [20]  La vigésima. Al que es más desembarazado y que en todo lo posible desea aprovechar, dénsele todos los ejercicios espirituales por la misma orden que proceden; en los cuales, por vía ordenada, tanto más se aprovechará cuanto más se apartare de todos amigos y conocidos y de toda solicitud terrena; así como mudándose de la casa donde moraba, y tomando otra casa o cámera para habitar en  ella cuanto más secretamente pudiere. De manera que en su mano sea ir cada día a misa y a vísperas, sin temor que sus conocidos le hagan impedimiento. Del cual apartamiento se siguen tres provechos principales, entre otros mu­chos: el primero es que, en apartarse hombre de muchos amigos y conocidos, y asimismo de muchos negocios no bien ordenados, por servir y alabar a Dios nues­tro Señor, no poco merece delante su divina majestad. El segundo, estando ansí apartado, no teniendo el entendimiento partido en muchas cosas, mas poniendo todo el cuida­do en sola una, es a saber, en servir a su Criador, y aprovechar a su propia ánima, usa de sus potencias naturales más libremente, para buscar con diligencia lo que tanto desea. El tercero, cuanto más nuestra ánima se halla sola y apartada, se hace más apta para se acercar y llegar a su Criador y Señor; y cuanto más así se allega, más se dispone para recibir gracias y dones de la su divina y suma bondad.   Descibe las ventajas que tiene el hacer los Ejercicios dedicándoles todo el tiempo.  Es interesante adverir:   «DENSELE TODOS LOS EJERCICIOS POR LA MISMA ORDEN QUE PROCEDEN, EN LAS CUALES EN LA VIA ORDENADA TANTO MAS SE APROVECHARA» = saca dos veces la palabra «orden» (estructura y dinámica externa e interna de los Ejercicios).  A esto le da Ignacio un gran valor y debe ser la preocupación del que los da.   «…USA DE SUS POTENCIAS NATURALES MAS LIBREMENTE, PRA BUSCAR CON DILIGENCIA LO QUE TANTO DESEA» = el problema de la libertad y los condicionamientos reales de la persona serán la gran preocupación de Ignacio.  Es curioso que esta posibilidad de libertad parece, según Ignacio, estar más garantizada cuando la persona se encuentra en una situación de unificación por su orientación radical.   «PONIENDO TODO EL CUIDADO EN UNA SOLA (COSA), ES A SABER, EN SERVIR A SU CRIADOR, Y APROVECHAR A SU PROPIA ANIMA» (Cfr. [EE. 23]), que «TENIENDO EL ENTENDIMIENTO PARTIDO EN MUCHAS COSAS».   «CUANTO MAS NUESTRA ANIMA SE HALLA SOLA Y APARTADA, SE HACE MAS APTA PARA SE ACERCAR Y LLEGAR A SU CRIADOR Y SEÑOR; Y… MAS DE DISPONE…» =  no olvidemos lo que dijimos en la anotación 15: Ignacio pretende que el que recibe los Ejercicios se disponga para la acción inmediata de Dios; y para esto intenta que se aleje en lo posible de toda «mediación» (condicionamiento) quedando «sola y apartada».×                
       SISTEMATIZACION                  DE LAS          ANOTACIONES    
       

 

  1. EL SUJETO QUE HACE LOS EJERCICIOS.

       Anotación 18:   Ignacio pretende contar con el sujeto que tiene delante: «según la disposición de las personas que quieren tomar ejercicios espirituales.  («que quieren»: no se puede entrar engañado o por mera curiosidad).  

  1. a) Disposición objetiva:

  Edad, letras, ingenio, subyecto, capacidad natural.   – Para Ignacio el hombre siempre está situado espacial y temporalmente, se trata de un hombre concreto.   – «No se den cosas que no pueda descansadamente llevar»: lo que el hombre no pueda llevar descansadamente no vale de nada.  Este es el principio clave junto a la palabra «aprovecharse».  Se trata que la persona se aproveche, y si no lo lleva descansadamente no podrá aprovecharse.  No se trata de un voluntarismo, ni de aprovecharse por codos, sino según la persona concreta.   – «Rudo»: No se trata de un elitismo, pues la capacidad natural no mide la profundidad en la respuesta de la persona.  Aveces el elisto se lía más porque tiene más recovecos.   Así el valor de la Primera Semana en el conjunto de los Ejercicios es como punto de arranque.  Un ejemplo es con aquellos que entraban jóvenes a la Compañía se les daba sólo la Primera Semana y luego se dejaba pasar tres meses para que la rumiaran.  

  1. b) Disposición subjetiva:

  – «Según que se quisieren disponer»: La ayuda del que da los Ejercicios y mi aprovechamiento va a estar en función de lo que yo me quisiere disponer.  En Ignacio nunca queda eliminado el hombre.   – ¿A qué me quiero yo disponer?: Ir viéndolo sin idealizaciones.  Ignacio no rechaza a nadie, pero según su disposición se le darán los Ejercicios.      Anotación 5: – Frente al «querer contentar el ánima», aparece el «mucho aprovecha» ir con otra disposición. – «Grande ánimo«: Ir con ánimo es no ir atemorizado, no ir angustiado.  Hay que tener en cuenta que el temor es eficaz, consigue lo que quiere. – «Liberalidad»: Se trata de generosidad, no tacañería, disponibilidad.  No puede haber liberalidad si no hay grande ánimo, es decir, ausencia de temor y angustia. – «Criador»: Ignacio se refiere a Dios así, porque él vivió en su fe la Creación muy en primer plano.  No se trata de un Dios trascendente sin más, sino de un Dios que se mete en el mundo; ya somos una realidad divina. – «Ofreciéndole todo su querer y libertad«:  A Ignacio le preocupa del hombre su integración, su globalidad, que nada quede fuera; le interesa que el hombre no sea parcial.  La dimensión del todo nunca romperá a la persona, pero el «magis» sí, porque a lo mejor excedo a mi capacidad natural.  Se trata de dinamizar al sujeto para que dé su plenitud y no la tensión de idealizaciones que frustran. En Ignacio todo gira en torno al querer y libertad, que no son lo mismo: el querer es donde se va concretando el proyecto del hombre, y la libertad es lo que ese proyecto sea real. – «así de su persona como de todo lo que tiene«: Contra las idealizaciones yo, quizá, esté dispuesto a entregar mi persona, pero ¿y mis tenencias?  El miedo es una manera de asegurar algo; aquí está lo que yo les gano a mis zonas de seguridad, lo que yo gano a mis miedos.  Se va a realizar mucho más si uno se libera de esas zonas de temor.  Sólo se realiza el encuentro con Dios en la medida que soy libre, de forma que se pueda permitir la doble dinámica: «ofreciendo» (el sujeto) y «se sirve» (Dios). – «Se sirva conforme a su santísima voluntad»: Se trata que Dios se sirva de mí.  En Ignacio van a engancharse dialécticamente las dimensiones activa («ofreciendo») y pasiva («se sirva»).  El engarce de las dos dimensiones erá realizando al hombre, pues sólo con la primera dimensión se entra en la dinámica de la heroicidad. (Cfr. Anotación 15: «deje obrar al criador con la criatura».  Se relaciona con el «se sirva» de la anotación 5 en lo referido a mi relación con Dios.  Se trata de disponer a la persona para que se dé una experiencia de inmediatez, porque el que da los Ejercicios no pinta nada).      Anotación 6 (2ª parte): Este método tiene unas reglas, unos intrumentos a los que hay que ajustarse.  El control del que los da es de cara al método (único control que puede tener). Es necesario tener en cuenta las decisiones como los condicionamientos físicos espacio-temporales.      Anotación 17: Se trata de los compromisos del que hace los Ejercicios: el que los da ni pide ni quiere saber.  La apertura de conciencia puede crear unos lazos de identificación que impidaan la inmediatez de Dios y anulen el papel objetivador del que los da. «Ser informado fielmente de las varias agitaciones y pensamientos»: Existe una aparente contradicción en la palabra «pensamientos».  Esto se explica en el nº. 32 de los Ejercicios: «Presupongo ser tres pensamientos en mí, es a saber, uno propio mío, el que sale de mi mera libertad y querer, y otros dos, que vienen de fuera: el uno que viene del buen espíritu y el otro del malo.» – mío: es lo que sale de mi libertad y querer, de lo cual no tiene que saber nada el que da los Ejercicios. – fuera: uno bueno y otro malo, que es lo que yo padezco, de lo cual debe ser informado el que da los Ejercicios «porque según el mayor o menor provecho le puede dar algunos espirituales ejercicios convenientes y conformes a la necesidad de la tal ánima así agitada»

  1. EL METODO.
  1. a) Los Ejercicios como método: Anotación 1 (Cfr. [EE. 21]):

¿Qué son los Ejercicios?  Los Ejercicios, como método y no como contenido, están orientados a que nos ayudemos tanto el que los da como el que los recibe.  Es un medio y no un fin en sí: «todo modo de…» (se trata de un método): – «Preparar y disponer»:  Son dos palabras claves.  Los Ejercicios son un punto de arranque, no son un término, el que esté preparado y dispuesto no quiere decir que yo responda adecuadamente a la realidad.  Los Ejercicios son algo muy previo para luego yo responder.  Preparan y disponen pero no solucionan (unas veces la respuesta será honrada y otras no.  Nos lo jugamos en cada momento por nuestra libertad). – «para quitar de sí todas las afeccions desordenadas y después de quitadas pra buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida»:  Hay dos miembros, un antes y un después (todo en Ignacio tendrá una estructura temporal, el hombre es un ser histórico).  No puedo buscar si no quito los enganches de antemano.  Este problema nunca lo voy a tener resuleto, al terminar los Ejercicios no voy a solucionar nada, solamente voy a estar situado para ver los engaños. – «desordenadas»:  Leerlo como integración-desintegración.  Una afección no integrada en mi proyecto humano, sino autonomamente constituida y campando por sus respetos me va a fastidiar.  (Las afecciones son nuestra energía vital anímica). – «para buscar y hallar«:  El hombre no está programado como los animales por estímulo-respuesta, sino que está llamado a buscar desde su libertad.  Hay que tener en cuenta que todo el que busca puede, también, no hallar. – «en la disposición de su vida para la salud del ánima»:  Se trata de mi proyecto, según lo que yo creo que estoy buscando, eso hallaré: los Ejercicios más que solucionar, incluso pueden plantear interrogantes serios.  Los Ejercicios van a llevarme a ser libre, a arriesgarme.  Esto es el fin del método.

  1. b) Condicionamientos espacio-temporales del método:

     Anotación 19: Para los ocupados con negocios y tareas se puede acomodar el método a esos casos.      Anotación 20: – «Orden»: Para Ignacio es fundamental, supone la estructuración  de un método – «Tanto más se aprovechará, cuanto más se apartare de todos amigos y conocidos y de toda solicitud terrena»:  Esto hay que considerarlo unido al método, al orden.  Aquí los condicionamientos espaciales juegan más a mi favor.  En definitiva, se trata de descondicionarme, y el desierto aparece como espacio en el que no tengo posibilidad de no engancharme con nada. También se puede hacer una cosa mixta entre la anotación 19 y 20. – «Estando ansí apartado no teniendo el entendimiento partido en muchas cosas»:  Alude a la dimensión de totalidad (no al magis), poniendo en juego toda mi realidad. – «Usa de sus potencias naturales más libremente»:  Su preocupación es que no usamos de las potencias naturales libremente.  Estamos condicionados, pero también estamos llamados a ser libres. – «Para buscar con diligencia lo que tanto desea»:  Se trata del mismo esquema de la anotación 1ª, es decir, sólo si libero las potencias naturales estoy preparado para buscar con diligencia. – «Se hace más apta para se acercar y llegar a su Criador y Señor»:  Todo formulado desde una apertura al don (tiene que darse una disposición aunque esto no asegure el don).      Anotación 4: El método se da en un tiempo, según tardos y diligentes.  El tiempo no es algo absoluto, sin quemar etapas.  Aquí la vida ordinaria tiene una gran ventaja.       «Diligente»: Para el ritmo hay que contar con la «no-diligencia» (¿culpable?) del ejercitante y acomodarse a ello.  ¡¡Nunca idealizar!!      Anotación 6 (2ª parte): Que se hagan los Ejercicios en sus tiempos destinados y cómo.  Nuevamente estamos en el control sobre los condicionamientos temporales.

  1. b) Niveles psicológicos del método: actitudes que exige.

1) Niveles psicológicos positivos:      Anotación 2: – El papel del que da los Ejercicios es dar «modo y orden», que yo tendré que llenar lugo de contenidos.  Yo tengo que ser el protagonista.  Los ecos, las consecuencias y las elaboraciones tienen que ser mías, sin que se meta el que da los Ejercicios. – «Declarar o sentir la historia»:  Nunca queda eliminado el hombre (raciocinio propio y gracia divina).  La historia (cada cacho de realidad) tiene un sentido distinto para cada persona, el sentido verdadero es lo que me viene a mí. – «No el mucho saber harta y satisface»:  Ignacio distingue dos niveles.  Por una parte el mero saber que es más superficial porque sólo pone en juego a una parte de la persona; y por otra el sentir y gustar, que pone en juego a toda la persona (el que da los Ejercicios puede impedirlo si declara toda la historia).      Anotación 3: La fe como relación interpersonal: mi relación con dios como relación personal; por eso mi actitud corpórea, psicológica y espiritual tiene que ser distinta a cuando yo pienso en mis cosas. En definitiva, se trata de ver si paso a los niveles del sentir y gustar, y no me quedo sólo en los niveles del saber. 2) Niveles psicológicos negativos (actitudes negativas que hay que evitar):      Anotación 11: Avisa sobre mis niveles de curiosidad, del sólo mantenerme en el mero saber y en el incorporar datos (con lo cual elimino la posibilidad del sentir y gustar, Anotación 2). La preocupación de Ignacio es que no nos escapemos de la realidad.  Para Ignacio lo único real es cachito de realidad que tengo delante, que es el único lugar en el que me voy a jugar la respuesta y no en los niveles hipotéticos (condiciones ideales deseadas, lo cual es una regresión a la infancia en la que me movía sólo por la imaginación).      Anotación 12: De nuevo el problema temporal y el problema del tiempo objetivo (desde él puedo averiguar si me estoy evadiendo o no).      Anotación 13: «No sólo se avece a resistir al adversario, más aún a derrocalle». La resultante de las tres anotaciones es que yo tengo que evitar mi tendencia espontánea a no afrontar la realidad.  Para Ignacio yo tengo que luchar por mi libertad y para eso no se puede huir de la realidad, sino afrontarla.  Sólo garantizando esa cpacidad de afrontar podré más o menos sospechar que voy a ser libre.      Anotación 16: Yo no podré ser libre para buscar si no tengo capacidad de afrontar, y tendré capacidad de afrontar si tengo capacidad de descondicionarme de algo para garantizar en lo mínimo mi libertad.

  1. EL QUE DA LOS EJERCICIOS.

     Anotación 2: Se trata de dar «modo y orden», y no tanto de dar contenidos.       «Narrar fielmente»:  El papel del que da los Ejercicios no debe suplir la búsqueda del que los hace.      Anotación 6: El control del que los da sobre el que los recibe, es sobre el modo y orden.  El indicio para controlar curiosamente viene cuando no ocurre nada en el ejercitante. Ignacio intuyó que surgía la transferencia, pero no con el que los daba sino con Dios.  Si no surge la transferencia no ocurre nada, se está de espectador, no se pone en juego.      Anotación 15: Le dice que no puede intervenir, que no puede crear unos lazos de dependencia, porque entonces crearía la transferencia con el que los da.  Ignacio pretende con esto posibilitar la relación de inmediatez con Dios. Prohibe un acompañamiento de «consejero» (¿padre espiritual?) lícito y provechoso fuera de Ejercicios.      Anotación 7: Siendo un papel extrínseco, tiene que ser un papel de acompañamiento positivo, alentador, desenmascarando las astucios del enemigo (Cfr. Reglas de discernimiento).      [EE. 22]: La ayuda humana para que sea tal tiene que ser mutua, porque si uno se cree que es sólo uno, está supliendo al otro y no ayudándole.      «Salvar la proposición del prójimo»:  No nos aproximamos nunca a la realidad de manera neutra.  El apriori debe ser positivo, porque si es negativo está condenado de antemano.  Difícilmente podemos entender algo que no se valora previamente como posibilidad.      Anotación 14: Papel objetivador y, por ello, extrínseco (desde la realidad) del que da los Ejercicios; no para suplir, sino para remitir el ejercitante a sus capacidades concretas (no idealizadas).  Sólo si se cumplen las anotaciones 17 y 15 y, además, se conoce al ajercitante en su vida ordinaria, podía cumplirse ésta en todo su alcance._ [1].  (N.T.): Aquí, por razones que no conocemos, Chercole da un salto.  Es curioso que en el material que transcribimos hay continuidad en las páginas (están numeradas y no parece faltar alguna), lo que nos hace pensar que el salto no es fruto de error.  Quizás más adelante podamos comprender, si la hay, la razón del mismo.